Lunes Analíticos
En un cuadro de Johann Heinrich Füssli, de 1781, llamado The Nightmare, es decir La pesadilla, asistimos a una representación de lo ominoso, donde la figura femenina del cuadro, dormida, está dominada por un demonio que se encuentra sentado sobre su pecho, mientras un cortinaje rojo oscuro enmarca esa figura y deja ver la cabeza de un caballo que se ha abierto paso hacia la estremecedora escena. Caracterizado como un pintor neoclásico, neomanierista y romántico, sus obras se desarrollan en medio de una oscuridad creciente que hizo que surrealistas y expresionistas reivindicaran muchos años despúes su arte luego de un olvido en que había caído a su muerte.
El cuadro, indica lo dificil de una pesadilla. Su expresión de terror es evidente. Además, como le hubiera gustado decir a Freud, muestra en una escena una condensación de impresiones, ideas, propósitos y sensaciones que la realidad pictórica presenta, en lugar de comentar sucesivamente. Jean Starobinski ha designado en el cuadro que la palabra "mare" es decir yegua, tiene como homónimo en inglés antiguo y ya obsoleto, el de un "demonio que produce pesadillas", es decir que la presencia equina reduplica la presencia siniestra que ahoga a la soñante y le impide respirar. En el mismo texto, Starobinski menciona los comentarios de Erasmus Darwin quien destaca el terror impotente del cuadro, impuesto desde afuera, lo que nos lleva a pensar en lo erótico como una fuerza que la sujeto no reconoce en sí misma y que la ve encarnada en demonios que no son mas que una expresión deformada de su inconsciente, nada inocente.
En este punto pueden mencionarse tambien el estudio de Ernest Jones sobre la pesadilla y su desarrollada atribución de simbolos sexuales. Lo que nos interesa destacar aquí es lo que Freud indico en la Interpretación de los Sueños, a saber que la pesadilla no es un sueño, sino el fracaso de un sueño, no es una imagen, sino una indicación, terrible, aterradora, de lo que hay debajo de una imagen. Se sabe que para Freud, las representaciones, por estremecedoras que fueran protegen al sujeto, en término de Lacan diríamos que son los significantes los que encadenándose, aseguran un cierto recorrido que defiende y atempera la aparición brusca de lo real.
Desde este punto de vista lo imaginario cobra aquí un nuevo sentido, que es el de sostener al sujeto, frente a lo real que lo habita desde lo que parece ser el exterior de su ser, según el vocablo que Lacan usara con prudencia y al cual J.A. Miller ha dedicado uno de sus cursos. lo éxtimo, lo que parece ajeno y sin embargo constituye lo más intimo de mi ser y que alude sin duda al goce que habita un cuerpo sin ser reconocido y que muchas veces se hace presente en los sueños, quebrando la pantalla de la percepcion para introducir algo cuya discordancia con lo regular es evidente.
Por eso Lacan ha escrito que el despertar absoluto es imposible. Porque significaría la desaparición del sujeto, su eclipse bajo el peso de un real de goce que aparece metaforizado no solo en la pesadilla de Fussli, sino tambien en las cargas excitatorias del mundo exterior que Freud imaginó como dominadas o atenuadas por la creación de un aparato psíquico. Lo sorprendente aquí es que lo psiquico es ya una defensa y que la defensa se torna así constitutiva del ser hablante y la operación del trabajo que el aparato psiquico se toma para transformar ese exceso en algo transitoriamente tolerable es lo que hace que la pasión de la ignorancia sea clave, incluso para el sujeto analizado y sobre todo para él, puesto que sólo una voluntad de saber sobre sí mismo es la llave para abrir la puerta de la convivencia con el otro.
Al revés de la pesadilla, que lo aleja de todo saber y lo somete al terror, lo que el análisis procura hacer es que el ser hablante conozca - en la medida de sus posibilidades - que el goce que lo habita no es sólo una satisfacción que oprime nuestros sueños, sino una ocasión para sentar una posición frente a él. Esa posición es la que el análisis juzga una ética y que a diferencia de las morales que atormentan a los habitantes de una comunidad, es enormemente individual pero responsable. Lacan la consideró como ser fiel al deseo inconsciente, sostener ese deseo aunque sea por numerosas variaciones, lo que conforma una etica de lo que nos causa y nos impulsa, mas que una moral que juzga y que refrena.

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