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 Lunes Analíticos


Tanto en Freud como en Lacan (y también en la mayoría de los analistas de la historia del movimiento), el pasaje por un psicoanálisis supone un reordenamiento de la vida afectiva del sujeto, de sus ideas y del modo en como considera su situación en la existencia. Esta transformación resulta de pérdidas subjetivas que deben sufrirse, de una regulacion novedosa del narcicismo del analizante y sobre todo, de una consideración del deseo y de las satisfacciones inconscientes que implica que la posición subjetiva que advenga al final de un análisis, tendrá una singular novedad con respecto a la que se mantenía anteriormente.

El punto en cuestion que me interesa desarrollar hoy es si esta transformación supone un descubrimiento o una invencion. Sigo aquí a J.A. Miller cuando en su curso Los Signos del Goce, apunta a que el final de un analisis supone - escribe - "la invención de un saber" haciendo notar que este saber que adviene al final de los análisis no sólo es novedoso, sino que sus consecuencias son inéditas. Porque al final, guiados por nuestra ignorancia, como pasión eficaz, vamos a producir un saber. Es decir que el psicoanálisis no tiene nada de iniciación (a la manera de una secta o moviento religioso) donde lo que adviene es un descubrimiento de algo que estaba allí pero no lo sabíamos, sino que es una invención, justamente en el lugar donde no hay. La produccion de ese saber se efectúa sobre un vacío, pero lo que intenta sobre ese vacío es hacer surgir una necesidad, y de manera lógica, es decir demostrativa. Lo que un análisis hace producir al sujeto es una demostración, la demostración de que debajo de lo necesario del síntoma, existe otra necesidad, la necesidad de una ley de la lengua que haga surgir de la inexistencia una existencia por medio de un axioma y ese axioma, es que la inexistencia no es la nada, porque - como afirma Miller - "la inexistencia depende del simbolo, depende de que este presente ese marco que nos permite comprobar que no hay. Se trata pues del cero, y no de la nada". Hay que hacer notar asimismo que este cero es el concepto a partir del cual se establece un lugar, por eso para Fregue el cero implicaba el comienzo de los numeros naturales, el punto a partir del cual todos los numeros siguientes venían a escribirse partiendo de un simple mecanismo de agregación de n+1 que permitía ver surgir la serie infinita.

Para Freud, el final de una analisis suponía una aceptación del nudo de la castración que implicaba para los hombres una tendencia a la amenaza fálica y para las mujeres (dado que no podían ser amenazadas con la castracion, puesto que en su privación real no carecían de nada) se definian tres destinos que estaban indicados por la envidia fálica, la inhibición sexual y la compensación por la maternidad donde el hijo funcionaría como un falo imaginario. Tanto los varones, como las mujeres, deberían aceptar la dimension de la castración con una cierta fatalidad ante lo inevitable. Que Freud no haya estado totalmente convencido de este final de partida como se lo nota en su texto Analisis Terminable e Interminable, no implica que es el que anotó. La presión de lo real pulsional como una fuerza cuasi biológico otorgan un cierto sentido pesimista de esta conclusión, sin eludir los beneficios que pudieran obtenerse de la misma.

Para Lacan, por el contrario, la constación de la castración deja sin embargo, del lado del sujeto el destino que dará a su goce y es allí donde la resignación no puede ser la ultima palabra. Un llamado lacaniano a la invención, supone situar el final del análisis no del lado del considerar lo que existe, sino mas bien apuntar a lo que no existe todavía. Y esto es un saber que construido por atravesamiento significante, implique una nueva vida para las pasiones, un sentido de la ex-sistencia preciso y operante y una reubicacion del cuerpo en el mapa de los goces del sujeto. Semejante transformación sólo es posible si se apunta a una nueva definición del síntoma, ese que hace que en él se enlacen las manifestaciones sintomáticas y el fantasma, es decir que se constituye, en la terminología lacaniana, como sinthome.

Unidad paradójica, con la cual el sujeto se presentará ante los otros y con la cual hará, pragmáticamente, una manera de vivir novedosa. Para construir ese sinthome habrá que dar numerosas vueltas en torno a los significantes fundamentales de un sujeto, aislarlos, para que se vea el objeto causa del deseo que recubren, descomponer transitoriamente el fantasma fundamental del cual se goza,  y finalmente vaciar los sintomas para que de ellos quede sólo un armazón que se admita como una manera del ser hablante. Un trabajo cuidadoso que implica producir al sinthome como lo que no cesa de escribirse, esta vez como una constante que precisa una vida en lugar de hacerla imposible y que supone la invención, humilde quizás, pero decisiva para dar un lugar a lo que no existe pero hace posible cualquier existencia.




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