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 Lunes Analíticos


La diferencia entre la pregunta por ser o por existir no es evidente pero, sin duda, es posible. Y es lo que en Jacques Lacan sostiene la pregunta del sujeto neurótico. Desde luego que la pregunta no está hecha en esos terminos ya que no confundimos a un filósofo con un neurótico, aunque hay que decir que las preguntas de ambos suelen ser similares, solo que el neurótico agrega - como dice J.A. Miller - la pasion, el sufrimiento, por hacerla.

Existir, como dato cuasi empirico, es casi evidente, aun cuando no pensemos. No hay que creer que es el pensamiento el que da la razon de nuestra existencia, salvo que seamos unos cartesianos consecuentes. El pensamiento, cuando está obsesivamente empeñado en demostrarnos que existimos pertenece ya al dominio de la justificación, a un dominio que mas bien está instalado en la pregunta por el ser, mas que por la existencia.

Porque aunque parezca a todas luces evidente que existimos, mucho mas dificil es encontrar una razon o una justificación de esa existencia. Es lo que enloquece al neurótico, quien se pregunta todo el tiempo y de muchas maneras, cual es el motivo de esa existencia, porqué estamos aquí y en los casos extremos para qué estamos. Digo en los casos extremos porque preguntarse para qué estamos vela la acción misma de existir, interpone entre la existencia y el pensamiento una barrera y lo que es peor busca una justificación de nuestra acción, busqueda que, en la mayor parte de los casos, tiene la función de inhibirla o hacerla trivial. Buscar un sentido de nuestra vida, en lugar de construirlo mediante afirmaciones y actos que sostengan retroactivamente nuestra existencia, es una de las formas mas refinadas de neurosis, a pesar de estar tan extendida y ser tan del gusto de muchas personas, intelectuales o no.

Como afirma J.A. Miller : "Se trata precisamente de esto: no solo del sufrimiento por la falta en ser, sino también de la pasión por la falta en ser. Es lo que muestra la patología del neurotico, ya sea con los accesos de desrealización de la histérica, o con la duda en el obsesivo" Es que todo neurótico, tiene una relación con el ser que es notoriamente inestable, mientras existe puede dudar de su existencia y aún cuando no se de cuenta que está existiendo, puede vacilar en aceptar la existencia del otro, el que lo ama, precisamente porque eso supondría una dependencia que no está dispuesto a tolerar.

Es que la neurosis promueve todo el día una autonomía de la que estamos muy lejos de poseer. Es lo que se exalta con la promoción del término auto, que quiere decir precisamente un erotismo de lo propio, de lo que no queremos compartir con otro, de lo que atesoramos avaramente y no estamos dispuestos a dejar ir jamás. En cierto modo las neurosis son enfermedades de la propiedad de uno mismo y esto se ve claramente reflejado en las fugas de la histeria (pasión de gozar ausentándose) y las luchas por la independencia del pensamiento obsesivo (pasión de gozar negando al Otro). La neurosis es también un rechazo del amor, en tanto se ha advertido que él engaña, pero nos hace existir y en esa ficción vivimos.

Es que la neurosis es, decididamente, una falta en ser, porque es un atasco del deseo que se caracteriza por no fijarnos en un ser determinado. Lacan afirmó en su Seminario XIX que "todos ustedes estan aquí, por algun lado, existiendo, pero en lo tocante al ser de cada uno no están tan tranquilos. Si no, no vendrían a procurarse seguridad en tantos esfuerzos psicoanalíticos". Y, en verdad, la intranquilidad del ser cuando no se coloca en un psicoanálisis, tiene a veces derivaciones siniestras. Va dirigida al odio al ser que se imagina del otro, a la violencia, y en terminos planetarios a las guerras que animadas por una codicia sin freno se ponen en acción para extinguir lo que del ser de otro se piensa como diferente y amenazador. Nuestra epoca se ha mostrado generosa en esas manifiestaciones de una metafísica del odio que ataca lo diferente, lo variado, lo singular en un esfuerzo de nivelación cuya utopía terrorífica esta mostrada con toda claridad en novelas como Un mundo feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell.

El capitalismo desenfrenado, que ha alcanzado su triunfo planetario no se ha mostrado muy eficaz en solucionar nuestros problemas con el ser, al acentuar el tener de manera desmesurada, como vía para ocultar un goce inconsciente cuyos resultados no son alentadores. "Soy en la medida en que otros no son" - parecen decir los imperios contemporáneos, todos sonidos y furia.

El psicoanálisis está mas bien del lado de lo que Freud llamó la voz de la razon, pequeña pero contundente y sabe recordar la falta en ser de nuestras vidas y, al mismo tiempo, la desmesura del goce con el cual pretendemos llenarlas.





 

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