Lunes Analíticos
En una conferencia dada en Lovaina, en octubre de 1972, Lacan se preguntó de que tipo era el estatuto de la muerte y esto porque poco antes había afirmado que los animales de lenguaje, esto es, los seres humanos, tenían una forma de agruparse que estaba determinada por la lengua y no por el instinto como sucedía en los animales que eran "lenguajeros". Asi llega a una afirmación que me parece todavía mas inquietante: la de que "la muerte es del dominio de la fé", que uno no podría soportar la vida si no creyera que esta va a terminar, aunque sea dentro de muchos años.
Que el fin de la vida es lo que determina el sentido y capacidad de soportarla no deja de ser una verdad extraña. Borges, planteo algo similar en uno de sus cuentos, El inmortal, acerca de un río, cuyas aguas conferían la inmortalidad a los hombres. Un tribuno militar de Roma, Marco Flaminio Rufo avanza a través de innumerables acontecimientos hasta llegar a la Ciudad de los Inmortales, rodeada de un tribu de hombres comedores de serpientes e inmutables en su existencia. Bebe del río cerca de la ciudad, luego se dirige hacia ella y accede a su magnificencia por un complejo sistema de túneles subterráneos. Se sorprende ante lo barroco de su construcción y lo sin sentido de sus partes: puertas que dan a pozos, escalinatas inmensas, formas extravagantes y vacías. Se da cuenta que esta ciudad es una obra terrible, que la han edificado hombres para quien la muerte ya no era una posibilidad imaginada cotidianamente. Sale de la ciudad aterrado, encuentra a uno de los hombres extraños que lo había seguido, luego de enseñarle a hablar, descubre que es Homero, se da cuenta que esa tribu son los Inmortales, el mismo se ha vuelto inmortal. Despues de larguisimas viscitudes vuelve a encontrar un río cercano a Bombay pero varios siglos despúes del descubrimiento de la ciudad. Bebe de sus aguas y vuelve a ser mortal. Un reflexión del texto nos introduce en la verdad que querriamos comentar: "Ser inmortal es baladí; menos el hombre todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal"
Puesto que creemos en nuestra muerte, podemos soportar la vida. Y que es esta vida, continúa Lacan. Ahi comienzan nuestros problemas puestos que si observamos con cuidado el numero de los animales y de plantas observamos que lo que nos indica que estan vivos es su capacidad de reproducción. Y Lacan apunta ahí a algo más que la biología de lo vivo, sino mas bien, al goce, al ruido de la satisfacción que se ejerce cuando algo está vivo. Y esta satisfaccion que es básicamente inconsciente, no consagra de alguna manera lo vivo a su muerte? Ya que Lacan afirma que la vida está consagrada a la muerte y que buscar un sentido a la vida es lo mas contrario al psicoanálisis que se pueda imaginar, ya que es eso lo que nos encadena y nos coloca en el camino de los problemas. Porque no hay sentido de la vida mas que estar vivo y lo que podemos hacer con eso. Es decir, nuestros actos, nuestras palabras y aún mejor, las palabras que constituyen actos. De este modo el unico sentido de vivir lo constituye nuestra vida misma.
En Freud se ha precisado un sentido de la vida completamente suplementario por intermedio de sus histéricas cuyos movimientos estaban guiados por un sentido, el sentido del goce. Era por obedecer a sus satisfacciones inconscientes que las mujeres que Freud atendía se movían en la existencia. Esa perspectiva del goce, se establece entonces como el unico objetivo de la vida. Vivimos para gozar, lo que no quiere decir que el placer nos esté permitido, ya que no otra cosa afirma la formula freudiana de la represión.
El goce, que late en cualquier ser vivo, pero que es particularmente incisivo en el ser hablante es lo que constituye nuestro ser. En este sentido mas que preocuparse por una finalidad de la vida, sería mas importante preguntarse por la finalidad de nuestro goce. Esa es la posibilidad que el psicoanálisis otorga a los seres hablantes y es la razón por la que algo de nuestra pregunta por el vivir se calma y en cambio aparecen respuestas que sostienen la vida en el acto de vivir mismo.
En suma, el sentido de la vida no es esencial. Está situado, por el contrario, en la ex-sistencia (como escribía Lacan esta palabra) es decir fuera de nosotros mismos, en nuestros actos. Solo de cómo hayamos recorrido la vida y de como hayamos administrado nuestro goce, se deduce una razón para haber sido, al final de ella. Las partidas de ajedrez con la muerte (tal como nos enseñó Igmar Bergman) siempre terminan de manera parecida, sólo es nuestra posicion de seres hablantes la que marca una pequeña, decisiva, diferencia.

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