Lunes Analíticos
Es muy interesante observar que una afirmación de Jacques Lacan resulta a todas luces actual. La que formula en Del sujeto por fin cuestionado, fechada en 1966 y que coloca en los Escritos como un prefacio a un texto famoso, tal como Funcion y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953). Alli afirma que bautizar como psicoanálisis "personal" al psicoanálisis que conlleva una preocupación terapéutica para distinguirlo del psicoanálisis didactico que llevaría por el contrario a un sujeto a convertirse en analista, no hace más que disimular un beneficio que el analista obtendría del mal llamado paciente y que destaca- con ironía- como "el efectivo que ensanchar, la fe que propagar, el estandar que proteger". Esto no porque Lacan considerara que ganar dinero con el psicoanálisis fuera una desviación (el mismo se jactaba de haber creado demanda con su particular oferta) sino porque colocar al psicoanálisis como una fe, oscurece su hermandad con la ciencia, hermandad paradójica ya que el psicoanálisis no lo es, pero que resulta a todas luces freudiana dado que esa es la orientación que le indicó su fundador.
Por otra parte, proteger un estandar no hace mas que demorar en un discurso todo lo que puede revolucionar en el orden del pensamiento, de la práctica, incluso de la ética habitual. Un estandar no es más que la figura de la impotencia y, en todo caso, desfigura lo que tiene de disruptivo una análisis en una vida, lo que conmueve, discute, hace abandonar o por el contrario dispone, para que la experiencia sea realmente una experiencia, es decir, algo por el cual pasar no resulta inocente, ni sin consecuencias.
Entonces Lacan va a instalar en ese texto una pregunta crucial que es la siguiente: "¿No habría que concebir mas bien el psicoanalisis didactico como la forma perfecta con la que se iluminaría la naturaleza del psicoanalisis a secas: aportando una restricción?. La indicación resulta extraordinaria, toda vez que resuelve la falsa división entre la cura y la instauración de un nuevo estatuto del sujeto. Por el contrario, escribe Lacan, es esa nueva posición lo que asegurará los beneficios terapeúticos que se darán como añadidura y - como ya lo había advertido Freud hace bastante tiempo - no es buscando curar como una cura se conduce, sino mas bien resolviendo el acertijo que la pregunta neurótica hace a un Otro. Esta resolución supone por un lado convertir una pregunta en una afirmación; por el otro, discute la existencia de ese Otro que atormenta por igual a pacientes y a analistas.
En el mismo texto, Lacan va a afirmar la relación del psicoanálisis con la ciencia, su soldadura evidente, la imposibilidad que pudiera haber nacido de otro campo, que no siguiera sus pasos e incluso que viniera a resolver los problemas no de la ciencia misma, sino de su sujeto, el cual es el mismo que el del psicoanálisis. Desde ya que la novedad consiste en suponer a la ciencia un sujeto, toda vez que en su anonimato simbólico, ella tiende a disolver a sus creadores en las corrientes que se engendran en su discurso y así, hacerlos desaparecer como sujetos, para adjetivarlos bondadosamente. No obstante eso, su racionalidad, la capacidad de hacer preguntas, de buscar respuestas consistentes mas allá de las creencias habituales, de hacer surgir ese discurso que se distingue de la popular opinión, son todas características que el psicoanalisis comparte con la ciencia y que lo distinguen de la magia, la religión o el sentido común.
Lacan advierte asimismo en este texto sobre lo que llama "la ingenuidad de la perversion personal" ese conglomerado fantasmático que hace soñar al neurótico con una perversión de la cual se encuentra bastante lejos, gracias a la castración, cuya eficacia se niega a reconocer, a diferencia del perverso de verdad quien por una división de su yo, erige una especie de "teoría de las dos verdades", donde en cierta parte de su ser admite la castración, mientras que en otra la discute ampliamente mediante sus prácticas sexuales. En este caso esa "ingenuidad perversa" se aplica a una utilización fantasmática de la teoría, donde se pretende una originalidad que no es mas que una sucesión de opiniones, a cual mas fabulosa, sobre lo que causa la fragilidad subjetiva del ser humano. Lejos de cierta rigurosidad cientifica (pero no cientificista) estas opiniones sostienen una formación del analista sostenida en "una maestría edn artes y unos grados" que vendrían a proteger "el secreto de un saber sustancial".
Al revés, un cuestionamiento del sujeto que sostiene esas habladurías que se pretenden analíticas, deberia pasar por una dimensión que se llama el síntoma, que no es más que "el retorno de la verdad como tal en la falla de un saber". Aqui el sujeto sería finalmente cuestionado y se abriría para él el atravesamiento de su fantasma como protección sustancial de lo real en su vida.
Naturalmente, para ello es necesario que haya psicoanalistas, toda vez que el psicoanalista es la causa de ese discurso que se llama psicoanálisis. Se sabe que Lacan, empeñó como Freud sus días hasta el final procurando resolver las aporías que esa posición operatoria planteaba y es por eso que la Escuela se ha constituído para seguir sosteniendo, por medio de un conjunto paradójico, ese deseo que resulta fundamental para el psicoanálisis.
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