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 Lunes Analíticos


La mirada ha sido un objeto fascinante para muchos investigadores a lo largo de los años. Y es en su fascinación donde el psicoanálisis encuentra la manera de desprenderse de ella. Freud mismo siempre había postulado que un estudio verdaderamente científico de un objeto, requiere de cierta independencia afectiva del investigador respecto a su cometido y de esta caracteristica, de cierta resistencia a la identificación que Freud poseía se derivan seguramente los comentarios sobre este singular objeto pulsional.

Porque eso es lo que es la mirada, un objeto pulsional. Asi esta precisada en los Tres Ensayos para una Teoría Sexual cuando destaca el placer de ver y el de exhibir que dado el movimiento circular de la pulsión explica el cambio de la actividad a la pasividad, muy frecuente en estos movimientos. Dice allí que el niño pequeño muestra una "inequivoca complacencia en desnudar su cuerpo, poniendo particular enfasis en sus genitales". Posteriormente, cuando ya se ha instalado el sentimiento de verguenza, la pulsión se vuelve mas activa, y lo que llama allí curiosidad sexual, se desarrolla inequívocamente, pudiendo el niño o la niña,  convertirse en un verdadero voyeur de las actividades de la micción y la defecacion de otros niños. La represión posterior no hará mas que colocar estas actividades infantiles en el centro de la fuente impulsora de los sintomas.

Una complicación curiosa es lo que Freud define en ese texto como la pulsion de saber a la que considera una mixtura entre la pulsión de ver y la de apoderamiento, por lo cual no aparece como elemental, ni puede "subordinarse de manera exclusiva a la sexualidad". Sin embargo acto seguido afirma que sus vinculos con la sexualidad son estrechos porque la busqueda de saber recae, predominantemente en los niños, sobre los problemas sexuales "y aun quizás es despertada por estos" . Resulta interesante mostrar que Jacques Lacan, por el contrario mostró que el deseo de saber era una entelequia que como tal no existía en el sujeto humano, toda vez que, justamente ese anhelo de saber sobre la sexualidad era rechazado tempranamente por el sujeto. En cierto modo, los intentos de saber que se desarrollan despues de ese rechazo, padecen de una resistencia fundamental, ante la cual los analistas estamos decididamente sujetos (a veces más que los representantes de otras disciplinas) por la cual somos conducidos hacia el saber (y siempre de manera precaria) sólo de forma intermitente y muchas veces poco explicita, prefieriendo repetir incansablemente los decires de los maestros sin animarnos ni siquiera a formular de manera un original alguno de los numerosos problemas del psicoanálisis.

La pulsion de ver era retomada en la pubertad, en relación al cortejo sexual, tal como Freud lo expone en el tercero de los apartados de Tres Ensayos, para destacar que el ojo "que es quizás lo mas alejado del objeto sexual" puede ser estimulado por el objeto produciendo una forma de excitación que llamamos "belleza"que sostiene el denominado "encanto" del objeto sexual. Mas allá de estas incursiones en el terreno de la seducción y el cortejo, la pulsion de ver iba a convertirse - muchas veces por obra de la sublimación - en un constitutivo esencial de las artes que ofrecen al ojo toda una serie de obras que permiten satisfacerse sin invocar el erotismo y asimismo circular socialmente de manera elegante y porqué no, productiva.

Lacan, no menos ingenioso que Freud, dedicó una vasta sección de su seminario XI "Los Cuatro Concepto Fundamentales del Psicoanálisis" a una penetrante reflexión sobre el objeto mirada que, para él se distingue del acto de la visión como su causa y que permanece oculta en la actividad de contemplar un objeto. 

Esta mirada era la del Otro, que daba a los objetos un brillo particular al elegirlos como los objetos de su acción. Los dotaba de un encanto erótico - seguramente - que permitía conducir al sujeto hacia su alienación visual, tratando de encontrar - sin saberlo desde luego - un rastro de aquel Otro que había causado su visión. Una función claramente libidinal sostenía esta actividad y permitía, configurar un espacio de la satisfacción y el deseo que decididamente tenía que distinguirse del campo de la perspectiva definida por Filippo Brunelleschi hacia 1400. En este campo dominado por el goce, la visión se orienta de manera topológica buscando los objetos de su satisfacción mas allá de la distribucion que el punto de fuga impone a las figuras del mundo.

Los objetos definidos de esta forma son los objetos del deseo humano cuya presencia muchas veces está orientada mas por las demandas de satisfacción de cada uno que por una supuesta objetividad cuya existencia mas que puesta en duda, permanece suspendida, por la acción libidinal de ver y por su objeto mirada oculto, desconocido y profundamente causante del fenómeno de arrojar nuestros ojos al espectáculo del mundo.



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