Lunes Analíticos
En un excelente texto llamado Los objetos de la Pasión, Eric Laurent lee esta categoría afirmando que la pasión tiene relacion con el Otro goce, en cambio los afectos lo tienen con el propio cuerpo. Además consigna que la dimension de la pasión en para Lacan (sobre todo centrandola en el deseo como pasión fundamental) una dirección que perturba a la felicidad en su estado de equilibrio.
Recordemos aquí a Freud que afirmaba que el principio del placer tenía como objetivo afirmar una homoestasis sostenida en el equilibrio de los estimulos, que debían ser mantenidos lo mas bajo posible. En definitiva, Freud colocaba aqui el principio del placer como productor de una felicidad decididamente estúpida y muy cercana a la pulsión de muerte, en tanto el deseo, como perturbador de ese equilibrio (imposible, por otra parte) nos ubica en la vida pero como antitética de la felicidad, pero compatible con la alegría que solemos obtener, a veces, de manera transitoria.
Afirma también Laurent que este campo es una lucha entre epicúreos y estoicos. Mientras los epicúreos "hacen de todo para no ser perturbados", los estoicos se revuelcan en el goce y para Lacan ninguno de los dos pueden ser pensados como el final del análisis, ni alejarse del goce cínicamente, ni entregarse absolutamente a él. Cual sería entonces el final del análisis desde el punto de vista de las pasiones? Para Laurent el final analitico conduce al deseo y este es el nódulo que lleva a las pasiones, entonces hay una cierta pasíon que se articula con el Otro goce, el goce propiamente femenino y que lleva a situar al sujeto en una posición no de queja, sino de tensión con ese goce. Ese Otro que viene a perturbar la razon que se expresa bajo la forma de normas. Una forma que ve Laurent de esa tensión en la moral aristocrática frente al Otro goce, esa forma que es no retroceder amparado en sus pasiones y bajo la forma del honor. Una cierta moral heroica que ya no está vigente, porque como lo ha dicho J.A. Miller "un psicoanalista no es un héroe, sino lo que queda de un héroe".
Respondiendo a una pregunta de German García que sostiene que habría que situar el interés de Lacan por las pasiones en relacion son Spinoza y con Aristóteles en tanto este ultimo sostiene en sus estudios sobre el mundo animal algo muy diferente a la universalidad de Platón, Laurent responde que efectivamente, Aristóteles tenía un interes por la vida, una pasión que va mas allá de la belleza y de los gustos sobre las formas de goce, para clasificar las especies en su biología, la cual, recordemos que se considera el origen de esta ciencia, mas allá de los errores en que hay podido incurrir Aristóteles. Entonces, mas allá del justo medio - afirma Laurent - la etica de Aristoteles esta regida por un deseo, es decir, por abordar la vida con interés, con gusto y con constancia, justamente por su finitud.
En este sentido vale la pena recordar la anecdota de Freud en Lo perecedero cuando ante un poeta que se lamentaba de la belleza de de la primavera en las montañas, belleza que iba a perecer con la llegada del invierno, Freud constestó que justamente por eso, por ser perecedore, es que el goce de esa belleza era necesario y no la lamentación por su ocaso. Y es que justamente, muchos poetas, en aras de la belleza estan dispuestos a sacrificar el gozar de la vida, porque sostienen un concepcion de la literatura que está demasiado ligada al nombre propio y al trascender de sus escritos, es decir esta situada en una relación narcicistica con la eternidad, sin advertir que una de las razones para escribir literatura es proporcionar goce a quien la lee y que la eternidad no es más que una ficción que muchas veces posterga un gusto y concede un dolor en aras de una mitica felicidad futura.
La pasion del psicoanalista, entonces, se define por una forma centrada en el deseo. Que es lo que, desde luego, también regula su ética. Entonces hay posiciones que se coordinan entre la pasion y la etica, cuando el movimiento tradicional de los racionalismos consiste en separarlas y en someter a las pasiones al imperio de un control racional. Este intento ha fracasado y también va en vías de fracasar el esfuerzo de los hedonistas contemporáneos que resucitan un epicureísmo que se complace en el solar del goce, produciendo los excesos que evitan reconocer nuestra posicion como sujetos. En el lugar vacío de un ética que se apuntale en el deseo pero sin enloquecer en una deriva mortífera, encontramos un objeto causa, cuyo reconocimiento - en general a través de un análisis - mantiene no un justo medio sino un posición nueva, la de un movimiento donde, atravesado por la castracion, es preciso que "el goce sea rechazado, para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la Ley del deseo", como afirma Lacan en su cierre de Subversión del sujeto y dialectica del deseo en el inconsciente freudiano.
En ese movimiento, nos parece, que las pasiones juegan un papel importante al dar color y dinamismo a esa ley del deseo y al particularizarla para cada uno de los analizantes.

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