Lunes Analíticos
Ian Hacking en su libro La domesticación del azar, dice que "Las personas son normales si se sujetan a la tendencia central de tales leyes, en tanto que aquellas que se apartan de ellas son patológicas. Pocos de nosotros nos figuramos que podemos ser patológicos, de manera que en nuestra mayor parte tratamos de hacernos normales, lo cual a su vez afecta lo que es normal". Y concluye: " las ciencias humanas exhiben un efecto de feedback que no se encuentra en la física", mostrando que lo interesante es que la modificación legal se encuentra monitoreada por los casos que se alejan de la norma, con la cual la intuicion freudiana ( y de gran parte de la psiquiatria y la medicina del siglo XIX) que son los casos enfermos, los que no se cuentan entre los "normales", los que contribuyen por su bizarría, a explicar a los sujetos "sanos" toda vez que ellos amplifican lo que en los "normales" aparecen como apenas sugeridos.
Esta dependencia de la explicación de sujetos individuales, explorados a fondo, frente al intento de sumir en la comprension estadistica los fenómenos concernientes a las ciencias humanas, particularmente, la psicología, coloca al psicoanálisis en un lugar aparte de la ciencias "humanas". En él se demuestra que la acción racional se encuentra no sometida necesariamente al número, sino a condiciones de las matemáticas de otro carácter. Particularmente valiosa es la contribución de la topología, con sus lugares, desviaciones, continuos y cortes lo que permite elaborar apreciaciones imaginarias de los conceptos mas abstractos, que guardan con estas construcciones topológicas una similitud figurativa. Lo que me interesa destacar es aquí es que los recursos de los que se vale el psicoanálisis para establecer su aproximación a la ciencia, son, como su discurso, particulares y diferentes de otras ciencias como la psicología.
Que algo se diferencia de otra cosa, es un principio que permite pensar. Y no debemos hacer juicios de valor excesivos y rápidos. Que el psicoanálisis se diferencie de la psicología, no quiere decir, necesariamente, que la psicología es un terreno baldío. En su desarrollo ha tenido contribuciones importantes y teorías audaces y precisas. Pero si el psicoanálisis tiene razón en sus intuiciones fundamentales, esto es, que la vida del sujeto es predominantemente inconsciente y que el goce que se obtiene de esa vida no siempre contribuye a mantenerla, sino que, a veces, las fuerzas pulsionales trabajan para la extinción de los sujetos, entonces las explicaciones psicologicas, aún las válidas, reposan sobre una ignorancia central, tal como lo muestran muchas investigaciones cognitivas que pretenden sostener la acción del saber sobre un aparato autónomo que no guarda relación alguna con el cuerpo viviente. Ese cuerpo que goza y sufre, no el cuerpo máquina que algunos psicólogos imaginan bajo la forma del computador o del cerebro y sus conexiones nerviosas.
Porque, en efecto ¿que es un cuerpo para el psicoanálisis? Es, centralmente, una carne animada por imágenes, nombres y un real que se localiza en lo que Freud llamó zonas erógenas, para distinguirlas de las zonas anatómicamente establecidas por la medicina. Ahí en esas zonas, que en muchos casos de histeria suelen extenderse sin consideración fisiológica ninguna, el cuerpo vive la aventura de satisfacciones que se sitúan integrando en las misma los orificios de la carne y la ausencia de objetos que sin embargo, son capaz, por su nostalgia, de causar goces que a veces se sienten como tales y otras como sufrimiento. Por eso Lacan pudo decir, en el Seminario XXIII, que los filosofos ingleses "no piensan que las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir", esto es, hay en el cuerpo un efecto de resonancia a la lengua y esa resonancia se produce justamente en sus agujeros, de los cuales, continúa Lacan, "el mas importante es la oreja, porque no puede taponarse, clausurarse, cerrarse. Por esa vía responde en el cuerpo a lo que he llamado la voz".
Como efecto de esa voz, que en la mayoría de los casos asignamos a una otra que crío un niño, el cuerpo se anima, se agita, se desploma o se yergue y todo esto sin saberlo, por supuesto. En cierto modo, el cuerpo está causado - no en su realidad material, sino en su conformación significante - por esa voz que vehiculiza los significantes que otorgan al sujeto su estatuto. Y tambien por las imagenes en las cuales el pequeño humano se aliena una y otra vez para conformar su yo y como se dice pomposamente, su identidad.
Lo más importante, para sostener un cuerpo es, desde luego, la satisfaccion misteriosa que habita en él, y que solemos llamar la vida, de la cual hasta ahora, no tenemos mucha idea de su estatuto, salvo que podemos certificar cuando desaparece de un cuerpo para que este devenga cadáver. Entre los misterios de ese goce y la realización de un nombre, los cuerpos se mueven en la realidad agitando satisfacciones y dolores y causando la historia misma mas allá de sus anatomías y más acá de sus realidades materiales.
Ese cuerpo, asi definido sólo es posible encontrarlo reconocido en el psicoanálisis y, en cierto modo, su presencia bajo la forma de la asistencia a una sesión, ocasiona en la actualidad, luego de la pandemia que obligó a la atención virtual, toda clase de discusiones sobre el modo en que debe ser concebida esa presencia, y sobre todo, lo que Lacan llamó presencia del analista, forma en que el analista interviene bajo una manera real en la localización del goce del analizante, procurando desplazarlo y hacerlo un poco más vivible para moderar el padecimiento del sujeto.

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