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 Lunes Analíticos


En un discurso de cierre del Congreso de la Escuela Freudiana de París, en 1970, Jacques Lacan  situó la enseñanza de una manera radical. Alli afirma que si desplegamos los cuatro discursos (que acababan de ser formulados por Lacan en su Seminario) se observa "que es donde está el sujeto barrado donde se encuentra el enseñante, se encuentra cuando hay enseñante, lo que no implica que lo haya siempre en el sujeto barrado". Que sea el sujeto el que nos enseña y no el amo, supone una subversión en el campo pedagógico como quizas no ese ha visto antes y que se despliega allí de una forma decisiva. Anotaré algunos rastros de esa subversión.

En el discurso que se llama el del Amo, el enseñante es el legislador, el que "soporta la ley" que hace que el goce al ser legislado, se idealice y se encarne en la razon cuyo "sujeto constituye el fantasma", con lo cual, me parece, lo que se enseña es que el esclavo va a alcanzar con su saber "ese domingo de la vida del que un humorista esbozó muy bien la farsa". Esa verdadera farsa que se propone bajo la forma de que un trabajador, supongamos, con su trabajo puede liberarse, sin advertir que es el trabajo mismo el que lo encadena a un amo que lo llevará a la muerte sin más razón que haber trabajado para ese fin. Que enseña ahí esa forma moderna del esclavo que es el trabajador sino que condescender al Amo, intentar ser como él, admirarlo, es la forma mas perfecta de asegurar su dependencia.

El discurso universitario, donde encontramos al sujeto producido por la interrelación saber y objeto a y puesto en el lugar del agente, el saber. El enseñante se encuentra - afirma Lacan - en el lugar de la producción, lo que produce una enseñanza, que está comandada en ultima instancia por el lugar del amo, oculto en el sitio de la verdad. Por eso dice Lacan que "para llegar a la enseñanza, el saber debe en algun punto ser un saber de amo, tener un significante amo para hacer su verdad". Esto lo hace burlarse de las llamadas "artes liberales" en el medioevo que, de libertad no tenían nada puesto que estaban encadenadas al los significantes amo "que son la verdad de la Universidad". 

El reverso de este discurso es el de la histérica, donde el sujeto, en el lugar del agente interroga a los significantes amo para hacerles producir un saber que quizás, por las particularidades de la histeria, sostiene Lacan que no sea sino "hacer enigma", pero que contribuye al barrido de los saberes sostenidos por el amo por Descartes (el cual está en este punto precedido por Socrates, figura de la histeria que pone a trabajar el saber de los sujetos). Todo esto va a causar la ciencia, su "acosmismo de su dinámica" y la "coartada de su noética", afirmaciones que al desplegarse hacen surgir, en primer lugar que la ciencia es un discurso dinámico porque su referencia ya no es el cosmos como lugar de estabilidad, donde los planetas giraban eternamente, sino por el contrario la realidad a la que la ciencia se refiere está fracturada por los objetos que la ciencia misma construye y que le aseguran un exito sin precedentes, Por otra parte, la noetica, entendida desde Aristóteles como un discurso que estudia el pensamiento, es en esta afirmación lacaniana una coartada para la ciencia, ya que desplegando su discuros bajo la forma del pensamiento, la ciencia se ve llevada a evitar las causas del mismo. Esto es para estudiar el "mundo de la realidad" el sujeto es ignorado en un movimiento que lo expulsa por una fascinación con el saber consciente. Ganando saber sobre el mundo, la ciencia, se pierde el saber sobre su sujeción a las leyes de la lengua y al goce. Aún mas incisivo es cuando Lacan sitúa a la ciencia como produciéndose sin discurso universitario alguno, el cual por el contrario, sería un perro guardían que reservaría el saber de la ciencia sólo para "quien corresponda".

Es sólo a partir del medio giro que se aplica al  discurso de la histeria, que el del psicoanalista aparece, como siendo el único, que ha en contraste con el del Amo, el saber se deposita en el lugar de la verdad. Solo que ese saber hay que producirlo y es por eso que la invitación del psicoanalisis al analizante de producir por asociación libre, esos significantes ante los cuales se encuentra atado. Lo interesante de esto es que Lacan sostiene que esta manera estos significantes se vuelven amos del sujeto mismo y llevado a su producción última se revelan como los que van a causa, junto al objeto a, al sujeto mismo.

Hay una antagonismo entre el saber y la enseñanza, ya que el primero constituye la verdad del discurso analitico (en la medida en que este sea producido ocupando ese lugar). De aquí que cuesta llamar enseñanza a la impartida por Lacan en su escuela, ya que produce una incomodidad manifiesta. Por eso Lacan afirmará que " lo que me salva de la enseñanza es el acto, y lo que da testimonio del acto es que jamas tuve el mañana como refugio", sosteniendo allí que el acto del psicoanalista es lo que puede dar testimonio de su falta, cosa que está totalmente velada en los otros discursos.

Asi pues, el psicoanalista ofreciendose a la enseñanza, se transforma en psicoanalizante, es decir a no producir nada que se pueda dominar, nada que no tenga la naturaleza de un síntoma. Aquí aparece ya una vía que ocupará al último Lacan y que hará un agujero en la aparentemente sólida estructura del segundo lacanismo, el dominado por el Uno y el goce. Esta vía es el síntoma, produccion que descompleta cualquer saber y que no se deja enseñar fácilmente toda vez que en su ultima elaboracion es aquello con lo cual, pragmáticamente, concluyen los análisis.




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