Lunes Analíticos
En 1926, a pocos dias de su muerte, Freud publicaba una nota necrológica sobre Karl Abraham donde con dolor apenas disimulado afirmaba que era un hombre "integro en la vida y puro de culpa" (Horacio, Odas) y que su busqueda de la verdad no era perturbada ni por "la alabanza, ni la censura dela muchedumbre, como tampoco el engañoso brillo de los productos de su fantasía". Con este homenaje Freud, indicaba lo que para el era lo que debía guiar a un investigador: la busqueda de la verdad, alejada de la alabanza o la censura y también de los productos de su fantasear. Este definicion de el psicoanalista como buscador de la verdad iba a tener un largo derrotero y quizás, iba a extraviar a algunos de sus seguidores.
Porque ¿que es la búsqueda de lo verdadero, sino la producción de una idea o un esquema cuyo ajuste con la realidad sea lo más intimo posible?. Afirmamos una teoría o una hipotesis se acerca a la verdad cuando encontramos su connaturalidad con los fenómenos que pretende explicar. Es cierto que tambien Freud utilizó otra version de la verdad que era la coherencia interna de una teoría, aun cuando los resultados experienciales no entreguen todavía su correspondencia. Tal, por ejemplo sus hipótesis de tipo antropológico acerca de una horda primitiva, luego desmentidas por la investigacion, pero dueñas de una coherencia que impresiona para explicar de manera radical muchas conductas sintomáticas de las neurosis o las psicosis. Sin embargo, en el horizonte, para Freud la verdad era la concordancia de nuestras ideas con los fenomenos, lo que surge de una comunicacion entre las teorias y los hechos empíricos, que permite asegurarnos que estamos en lo cierto.
Así, el psicoanalista debía entregarse a la verdad, olvidando quizás, que muchos productos de nuestro aparato psiquico, son mentirosos, en tanto no se refieren a una concordancia con los hechos, sino a una articulacion con el deseo y aún más, con las posiciones de goce que, por motivos obvios, queremos mantener a toda costa. De hecho en su busqueda exhaustiva de una verdad referencial Freud "provocó" o al menos condujo al Hombre de los Lobos hasta su desencadenamiento, cuando intentaba, a toda costa, fechar en la realidad la percepción de la escena primaria y su efecto sobre el sujeto. Ahi, en ese caso, la busqueda de la verdad se revelaba como una pasion llena de honra pero peligrosa en sus consecuencias.
Mas preciso lo fue en su Proyecto de una Psicología para Neurólogos, cuando articuló que el aparato psiquico se constituía como una barrera de defensa, frente a un mundo exterior caótico y sacudido por "masas en movimiento". Así pues, de esta afirmación freudiana es preciso concluir que la verdad ultima sobre nuestra relacion con lo real se encuentra cubierta por una mentira defensiva y que ese sello articula el goce de la vida como único fundamento de nuestra existencia.
Es sobre esta cuestion que operó Jacques Lacan, desplazando, me parece, la pasión por la verdad freudiana, hacia la constatación del goce lacaniana. El psicoanalista, sobre todo en el final de un analisis, se vuelve un testigo implacable del goce del sujeto, procurando que algo de este goce se mueva, se desplace, hacia otras dimensiones mas deseantes. En este sentido la actividad del psicoanalista es, diría, fastidiosa, toda vez que perturba un acomodamiento del goce que no se rija por la verguenza, primero, pero después por una asunción de la responsabilidad sobre el mismo. Y aquí hay que anotar que la pasion por la verdad puede ser un goce terrible que sume al sujeto en una busquedad interminable. En resumen, el sujeto debe advertir que su verdad no es más que esa satisfaccion muchas veces avergonzante y culposa y que no hay ninguna constatación última que no lo lleve a ese regodearse en algo que rechaza pero que a la vez lo constituye.
Es que la verdad no es para Lacan más que un medio decir. "La verdad no sirve nada más que como el lugar donde se denuncia ese saber" Y cual es ese saber? El que el analista debe construir , debe inventar, a partir de un enunciado que sería su fundamento: que es que no hay forma de escribir la relación sexual, y "que es en eso que él no es afirmable pero tampoco refutable: en nombre de la verdad". Lo cual hace de la verdad ese momento de denuncia que obliga a construir otro saber siempre en torno a esa imposibilidad fundamental.
Por eso es que Lacan afirma que la novela freudiana son sus amores con la verdad y que en esta épica construir un saber resulta más dificil. Por ello es que en el terreno lacaniano no hay ninguna exaltación de la verdad sino mas bien un colocarla como hermana del goce. Y por eso al final de la travesía el analista no adquiere ningún papel de héroe, sin que es - como afirma Miller - lo que queda de un héroe, un desecho, el lugar de goce aquel del que pudimos separarnos durante un análisis.
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