Lunes Analíticos
En ocasion de una intervención en el I Congreso Mundial de Psiquiatría, el 26 de setiembre de 1950, en el anfiteatro de la Sorbona, exactamente en la sesion plenaria sobre "Evolucion y tendencias actuales del psicoanalisis", Jacques Lacan criticando amable pero punzantemente un trabajo de Raymond de Saussure en el cual acudia al "concepto" de emoción alucinada para explicar una cuota de placer obtenida en unas vacaciones por un obsesivo, destacaba que "ninguna retrospección del enfermo fuera del análisis que la resuelve en sus significaciones" vale para estructurar un caso. Y agregaba, con mucho humor, que debíamos tener en cuenta la advertencia de Thomas de Quincey "respecto del asesinato, a saber,que lleva al robo, luego a la mentira y pronto a la procastinación" indicando así que un gran error en la doctrina arrastra rapidamente al análisis a errores menores pero igualmente culpables tanto en la estrategia como en la táctica que el analista debe aplicar en cada caso. Y concluía que "una falta de lógica condujo a nuestro amigo a una etiologia en desuso, a una anamnesis incierta y, para decirlo todo, a la falta de humor". Vemos en ese ultimo señalamiento no sólo un rasgo de ingenio de Lacan, sino una preocupación temprana por esa dimensión del humor que sostiene muchos análisis eficaces, particularmente el de los obsesivos, que a menudo carecen de él.
Esta preocupación lacaniana por el sentido de una intervención recorre toda su obra y culmina, cuando en el Atolondradicho (1972) coloca a la interpretacion del lado del sentido y no de la significación como lo afirmaba, aun imperfectamente, en 1950. Para entender este movimiento es preciso distinguir entre el sentido y la significación de una frase. La significación es lo que configura el movimiento de los significantes, el proceso por el cual, en su concatenación aseguran un significado, aún cuando éste sea pasajero y pueda ser transformado por el significante siguiente que surja en la cadena. Así, en la formula ya canónica de los significantes desplazándose el significado corre disminuido y decrece, aún más, cada vez que la cadena se hace más larga, como en esos discursos de ocasión donde al final sólo queda el sueño de sus auditores para comprenderlo.
El sentido en cambio, es la dirección de esa cadena y como tal carece de significado, o mejor dicho, en la dinámica lacaniana, su significado es goce, satisfacción de hablar hasta el punto que hay un sentido del silencio, ya que callar no es dejar de emitir palabra sino abstenerse de colocar un mensaje allí donde deberia haberlo. El silencio también es una ocasión de goce. Hay silencios que hay que conmover y otros que conviene dejar en su latencia. Dependen ambos casos del grado de ocultación que se lea en él o bien que se haya llegado ya a un límite en el decir.
"La interpretacion es sentido y va contra la significación" - escribe Lacan en el Atolondradicho refiriendose entonces a una función de la interpretación que es ya tardía en el ejercicio del análisis y que no es como al principio, cuando parece inflar la significación y hacer discurrir al sujeto por la cadena de sus significantes. Esta última quiere mostrar otra cosa: como es que la lengua se hunde en un remolino cuyo único motor es la satisfacción inconsciente, ese goce fálico que conduce el hablar y ese goce otro que sostiene ciertos silencios. En este sentido no hay significado alguno final salvo un enlace entre el cuerpo y las palabras que pone en marcha lo que Freud llamó el "aparato psíquico". Y llamarlo así "aparato" ya indicaba su carácter de construcción barroca y su antinaturalidad producto de una lengua traspasando un organismo y haciendo de él, ya cuerpo, ya asiento de una subjetividad engañosa que no se sostiene en ninguna sustancia espiritual sino mas bien en lo que la lengua habla en él.
Entonces ¿cual es la dirección que esta interpretación indica? No es mas que mostrar que toda significacion es engañosa y que todo alto objetivo de nuestros ideales se sostiene en una falta de nuestro ser, al que intenta llenar de contenido en un desplazamiento infinito. Que la única responsabilidad que queda a un sujeto (sin despreciar las civiles y sociales y morales que son una consecuencia de esta) es la de responsabilizarse por sus dichos y más por su decir, que sirve a una satisfacción inconciente, a una vibración de lo erógeno del cuerpo, sin sentido alguno más que su cumplimiento.
La etica encuentra aquí - segun lo indicó Lacan - un sentido nuevo. Ya que como afirma en su Seminario VII es el deseo el que asegura una posicion ética en tanto no se debe ceder en él. Y el deseo no es mas que un goce puesto en movimiento bajo la forma de una carencia y bajo el imperio de una prohibición, por lo que su valor etico es insoslayable.
Como dice J.C. Milner en su libro Los nombres indistintos, "Hay que ceder en su deseo, y esto tanto más necesariamente cuanto que no hay ningún deseo, tales son la máxima y el axioma del canalla" el cual se degrada en un numero de demandas en los canallas que Milner llama "canallas menores" o se absolutiza en el "canalla absoluto", aquel que valiendose del derrumbe del deseo consolida su poder utilizando un poder absoluto que hace creer que sólo gana la muerte y por ello no queda más que practicar ejercicios de supervivencia cuya formas - anota Milner - pueden ser la sustitucion del sacrificio por la barbarie o el ejercicio de una sátira que acaba en "la anorexia de la palabra", bella expresión para colocar en muchos reality shows de actualidad.
La interpretación concluye así en una ética, allí donde no queda más al analizante de plegarse a su falta en ser y engendrar un deseo que sostenga su vida, porque no hay ideal ni máxima ni última sabiduría para mantenerse en ella que sean mejores que el deseo para ese objetivo. Así podrá alcanzar ese humor que le falta a tantos analistas como anotaba Lacan ya en 1950.

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