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 Lunes Analíticos


Una afirmación que puede parecernos notablemente moderna se encuentra en un curso de J.A.Miller, El Ultimisimo Lacan, donde sostiene que el inconsciente histórico de un primer Lacan, allá por 1953, de un Lacan dominado por una suerte de presencia latente pero indiscutible de la Escuela de los Anales que dieron a la historia un caracter de disciplina fundamental, ese inconsciente que esta determinado por el devenir - devenir linguístico, claro está - termina finalmente cayendo y que frente a lo real, la historia que el sujeto se cuenta no es más que histeria, esto es, una posición de creencia en un Otro, del deseo de un Otro que determina al sujeto y lo hace creer en una experiencia situada a partir de etapas, procesos, movimientos y superaciones, cuando en realidad, este esquema sitúa a la verdad por encima de lo real.

Como si fuera posible que esta hystorización (así escribe Miller una divertida conjunción entre la histeria y la historia) ocupase todos los espacios del sujeto, no dejase nada al azar, ni a la aparición brusca de un real que no podría ser inscripto totalmente en esta "historia totalitaria", así la llama, donde la continuidad del sentido se impone a la discontinuidad de los lapsus, sueños y sintomas.Mientras que en esta concepcion del analisis, el analista es connatural a la comunicación del inconsciente, lo que aparece en el Prefacio a la Edición Inglesa del Seminario XI, es, por el contrario, la idea que el analista sería una suerte de intruso, casi indebido en una experiencia que comenzó con un Freud practicando una suerte de autoanálisis, sin analista alguno. Por otra parte la idea de una continuidad histórica - que se supone el resultado final de un análisis - sería una suerte de desaparición de lo real, el cual estaria, de entrada, traducido en términos de verdad simbólica. Incluso el trauma es definido en función de un "estigma histórico"

Quisiera anotar aquí unas observaciones de lectura en relación al ultimo Freud y que permiten comprender cómo lo real es aquí también situado como un límite, un imposible, una suerte de roca viva cuya traduccion historica total resulta imposible. Sin embargo este inconsciente como historia no es un concepto que debe despreciarse ya que Miller afirma que "hoy cuando escuchamos a un paciente en analisis, y a fortiori cuando relatamos su caso, hay una dimensión una dimensión del inconsciente en tanto historia"

Es sabido que la dimensión original de la histeria llevó a Freud a concebir la cura analítica como un operación en que se restituían las lagunas del recuerdo y se eliminaban las contradicciones presentes que impedían la continuidad histórica, sin embargo, varios años mas adelante y coincidente con los desarrollos acerca de la pulsión de muerte, Freud coloca en el sujeto una dimensión real que no es factible de representarse históricamente. Su concepto de la represión primaria, donde una porción de la vida psiquica es sustraída estructuralmente a la continuidad consciente es uno de los primero límites a esta reconstrucción histórica del sujeto.

Otro momento importante lo constituye el artículo Construcciones en Psicoanálisis (1937) cuando concluye que muchos fragmentos olvidados por el sujeto no retornarán jamás y sólo es posible colocar allí conjeturas (que en la mayor parte de los casos son elaboradas por el mismo sujeto) para paliar en lo posible unas constitutivas lagunas del recuerdo. Lo interesante que en estas construcciones lo que se necesita para que cumplan con su efecto son dos elementos: uno, por parte del sujeto es su aceptación de que sería posible esa construccion, una suerte de convicción fideista basada en los elementos positivos de la transferencia. El segundo, lo constituye el carácter verosímil ya que no verdadero, de la construcción misma, su elaboración basada en piezas cuidadosamente elegidas por su encaje en el hueco que deja la represión. Lo verosímil reemplaza aquí a lo verdadero, no hace falta que lo conjeturado sea exacto, basta conque nos seduzca con su apariencia. Y aquí surge una pregunta que resulta inquietante pero provechosa: ¿cuales de nuestros recuerdos verdaderos lo son realmente? ¿No será que elaboramos una historia basada en nuestro deseo (y aqui la hysterización lacaniana se vuelve inevitable) mas que una copia de lo sucedido "en la realidad?

Finalmente, el artículo Analisis Terminable e Interminable (1937) cuando examina cuanta es la modificación que puede dotarse al aparato pulsional por intermedio de un análisis discute de breve manera no sólo la potencia sino la duración de los factores pulsionales en el vida de un sujeto, para concluir que no siempre el análisis puede dominar las pulsiones con eficacia y esto porque "una vez que algo ha nacido a la vida, sabe afirmarse con tenacidad. Uno a menudo dudaría de que los dragones del tiempo primordial se hayan extinguido realmente". Obsérvese que en este punto aunque la sentencia freudiana para acudir a un elemento evolutivo, su sentido es estructural, es decir que la satisfacción pulsional no se puede eliminar absolutamente y esto disminuye el carácter histórico del análisis, esto es que sería posible reescribir la historia subjetiva totalmente. Por el contrario hay elementos que se resisten a ello y anotemos aqui, con Freud, la economia de las pulsiones, su impulso de satisfacción que se repite a pesar de los esfuerzos analíticos. Por eso agrega unas líneas mas adelante que "el titulo reivindicado por el análisis de que él cura las neurosis asegurando el gobierno sobre lo pulsional, es siempre justo en la teoría, pero no siempre lo es en la práctica", hay, diremos siempre un resto de lo real que permanece incólume y que destruye la idea de progreso, cara a las historias de la razón ilustrada.

La repetición pulsional es ahistórica e incluso trabaja para perturbar el establecimiento de la historia misma. Es por eso que un análisis tiene limitaciones y su capacidad engendrar un "nuevo estado" que no haya existido nunca antes, es precaria. Algo del pasado siempre permanece y el sujeto tendrá que saber hacer con él para evitar el retorno sintomático.



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