Lunes Analíticos
Un libro de Pascal Quignard, muy bien escrito, con una poderosa convicción en su tesis, sostiene que hay una diferencia entre la concepción del falo del mundo griego y la erigida en el Imperio Romano. El sexo y el espanto (1994, en la edición francesa, 2005 en la castellana) tal es el título del sugerente ensayo que promueve la idea de que la sexualidad griega en el mundo antiguo poseía una libertad mayor que la romana, la cual se sostiene atormentada por la culpa, la envidia y el temor. Segun este sugerente tratado, el mundo romano, a partir de que, entre el año 18 a.C y el 14 d.C, se impusiera la idea y el ordenamiento del Imperio pasó del "erotismo alegre y preciso de los griegos" a la "melancolía aterrado de los romanos". Y es correlativa a la idea del Imperio, porque una de las razones que Quignard precisa sobre esta transformación, es que el vasto coto del dominio que el Imperio proponia, tenía como consecuencia un temor terrible de perderlo, un esfuerzo enorme para sostenerlo y la conviccion que sin ese trabajo constante el Imperio se derrumbaría. El sustrato sexual que Quignard propone para esta idea es el falo, que en latín, los romanos denominaban fascinus. Que el falo se mantenga erecto, es decir que no deje ser falo, para convertirse en méntula (pene) fue el esfuerzo de emperadores y del pueblo, asi como de las legiones victoriosas, que sostenían el Imperio como un todo, todo que cernía su anillo de hierro sobre las subjetividades romanas y que siempre estaba amenazado por una detumescencia que, según afirma Quignard los romanos no desconectaban la biología de la política, era la amenaza que se cernía sobre ese todo inestable. Esto fue aprovechado por el cristianismo que redobló la idea de la culpabilidad y del castigo sobr el el cuerpo del imperio y sobre los cuerpos individuales hasta que la estructura política no pudo ya aguantar esa demanda y se derrumbó destruida por los bárbaros pero más aún por su contradicción erótica.
¿Por qué es interesante esta tesis? Porque muestra que la posición subjetiva de sacrificarse para hacer existir, aunque sea simplemente bajo la forma de un semblante, el todo conlleva una destruccion en el panorama. El humano no puede dedicar su existencia a esta tarea imposible. No sólo en el plano político, sino en el subjetivo, en el familiar, en la estructura social, los esfuerzos por construir un todo son, probablemente, una invitación al futuro desastre. Lo grave de toda esta advertencia es lo que el psicoanálisis descubre en el corazón de cualquiera de estas empresas, un goce mortífero cuya acción es letal para la vida.
Sigmund Freud ya articuló algo de esta perspectiva cuando en sus Nuevas Conferencias de Introduccion al Psicoanálisis, mas concretamente en la que trata sobre la concepción del universo, concluye diciendo que el psicoanálisis no puede crear una cosmovisión particular, "No le hace falta; él forma parte de la ciencia y puede adherir a la cosmovisión cientifica. Pero esta apenas merece este grandilocuente nombre , pues no lo contempla todo, es demasiado incompleta, no pretende absolutismo ninguno ni formar un sistema". Aquí en esta afirmación freudiana me interesa subrayar como concebía el a la ciencia, es decir como un saber incompleto y parcial que no haría jamás sistema. Lamentablemente no fue el destino posterior una ratificación de esta posicion sino que, por el contrario, la ciencia en su alianza con el capitalismo ha devenido en muchos casos tecnica de las felicidades futuras y con sus proyectos ligeramente delirantes de inmortalidad y supervivencia ha transgredido lo que para Freud era una virtud cuando decia que "una cosmovisión edificada sobre la ciencia tiene, salvo la insistencia en el mundo exterior real, esencialmente rasgos negativos, como lo de atenerse a la verdad, desautorizar las ilusiones".
Precisamente en el punto donde muchos proyectos científicos no se basan en la verdad sino en el anhelo de poder del neoliberalismo vigente en la actualidad, ha situado Lacan la oscura senda que bajo el nombre de ciencia transitan hoy muchos discursos imperantes. En su texto La ciencia y la verdad que es la leccion inaugural del seminario El objeto del psicoanálisis, afirma que la ciencia moderna se sitúa bajo el aspecto de la causa formal, que es lo que lleva al establecimiento de leyes cuya generalidad oculta el aspecto de la causa que interesa al psicoanálisis, es decir la causa material, el papel cumplido por la incidencia en tanto materia fonica del significante en la produccion del sujeto y de sus sintomas. Por esa utilizacion de la verdad como causa formal es que la ciencia desprende muy rápidamente de sus enunciados generalizadores una técnica, es decir se dirige al que hacer que se dispone como máxima capitalista. El sujeto del capitalismo esta dominado por este significante de la acción donde ve producirse las ganancias (propias y ajenas, y generalmente ajenas en el caso de la mayoría de los agentes de ese discurso) por la operacion formal sobre la materia, y llegado el caso sólo reconocer riquezas formales, tales como el dinero que fue un medio empleado para facilitar los intercambios y hoy se torna en un fin, es decir en un saldo de cuentas bancarias, pura existencia formal cuya presencia, sin embargo decide guerras, hambrunas, desalojos, y catastrofes sociales.
En este panorama, Lacan llama a resistir a las solicitaciones de la verdad bajo la forma de la causa final, es decir la religion; formal, en tanto así aparece en la ciencia y agente, como causa de la magia que embriaga al analista en su relacion con el poder. Sólo manteniendose en la sencilla consideración de la verdad que emana de la la causa material ,esto es el significante despojado de su sentido, aunque capaz de engendrarlos a todos, el psicoanalista no adhiere al Imperio, a un todo cuya existencia improbable consume vidas. Por el contrario el psicoanalista debe situarse en relación al no-todo, es decir a lo que representa la vida humana con su imperfección, su no durabilidad, y su singularidad que le permite acceder a un goce que, a pesar de ser transitorio, no es menos valioso y digno.

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