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Lunes Analíticos


Una cierta disposición de Freud hacia las elucubraciones por medio de mitos, ha producido en el psicoanálisis, a veces, un pensamiento decididamente mítico. Esto es que un relato, tal como el Edipo, se impone y se lleva  adelante sin siquiera interrogar lo que tiene de estructura lógica.

Qué es en suma el Edipo, desde un punto de vista formal? Solamente la articulación de dos coordenadas que son, en el pensamiento freudiano, la identificación y la relación de objeto. Mas allá de las narraciones distantes de la obsesión y apasionadas de las histerias acerca del amor por la madre o el odio al padre o si quieren describirla de otro modo del rechazo de la madre y del amor al padre, más allá de los visajes heroicos, timidos, emocionantes, aburridos o encendidos con los cuales las neurosis adornan una vida infantil que se supone crucial, cuando lo lógico hubiera sido que sea abandonada, una vez que se hubiera alcanzado la madurez, tal como lo recordaba Germán Garcia alguna vez, recordando la frase de Kant donde el filósofo afirmaba que "La ilustración es la salida del hombre de su condicion de menor de edad de la cual el mismo es culpable" y más adelante "La pereza y la cobardía son las causas de que la mayoría de los hombres despues que la naturaleza los ha liberado desde tiempos atrás de la conduccion ajena, permanecen con gusto como menores de edad a lo largo de su vida, por lo cual es muy facil a otros erigirse en tutores". Estas máximas kantianas, fascinantes en su simplicidad y su valentía, son, sin embargo dificiles de llevar a cabo ya que la conclusion del complejo de Edipo deja siempre una orden, por parte del padre del goce, y esa orden - afirma Lacan, es Goza! instalando en los sujetos un superyó que los gobierna drásticamente.

Es más Lacan, recuerda que en el Eclesiastés, de la Biblia, hay unas palabras que afirman que debermos gozar de la vida en compañía de la mujer que amamos, lo cual sostiene que "se trata del colmo de la paradoja, ya que justamente por amarla surge el obstáculo". ¿Por qué sería en este caso el amor un obstaculo para gozar de la vida? Precisamente porque una de las caras del amor es una cierta pasión por el infinito que elude lo decisivo de la castración, del límite, que se podría establecer entre los amantes. Justamente en esto el amor puede ser el aliado del goce y llevar a los sujetos a la realización del más grande amor, que como todo el mundo sabe, termina siempre en la muerte.

Vuelvo entonces a la articulación lógica del complejo de Edipo que tantas pasiones hace surgir en los sujetos y que sin embargo puede ser reducido a dos operaciones primordiales. La primera de ellas, la relación de objeto, articula al sujeto y a un objeto sustituto, en el caso de ambos sexos, la madre, quien se erige como quien es primordialmente amada u odiada. Luego el padre, que ya articula la castración para el hijo y la derivación hacia otro objeto para la hija, forma de la castración femenina que se ve siempre atascada en una neurosis. Justamente estas pasiones interminables con fijación del objeto amado que devastan a muchas mujeres indican que la funcion paterna no ha funcionado con firmeza.

En el hombre, en cambio, el padre ejerce la castración pero mas importante que ejercerla es reconocerse afectado tambien por ella, en el punto enigmático donde su deseo se vuelve opaco para su hijo.

Entonces la operación que resulta fundamental para salir de este estado infantil del complejo de Edipo, como diría Kant, es desde luego la castración, operación que se vuelve crucial para definir una perdida regulada por lo simbólico, perdida que sostiene todo el aparato psiquico, constituido, fundamentalmente, para derivar esa pérdida. La castración, naturalmente, se desarrolla siempre en relación a objetos, objetos que van a situarse, en la cuspide, en torno a la regulación del significante fálico que indica la incompletitud de los sujetos en las vías del deseo.

En este sentido, creo, que el Edipo opera como una maqueta y no resulta indispensable para la constitución subjetiva. Lacan lo definió como un sueño de Freud y allí donde éste colocaba al padre como indispensable para la operación castración, Lacan sitúa la estructura de la lengua, como limitante y parcializante del goce del Uno. Suele decirse que nuestra época esta determinada por la caída del padre, por su desvalorización como limitador del goce y esto exige una revisión de la clínica analítica para contemplar los "nuevos casos", surgidos de otras formas de la castración, formas cuyo agente no fue el padre.

En cualquiera de los casos, la castración permanece tanto en su función de límite para las neurosis, su evitación estructural en los padecimientos de la psicosis, su blanco de las burlas de la posición perversa. Es que justamente como decíamos al comienzo, no hay regulación lógica sin pérdida y si no es posible evitar una cierta forma de mitología en el discurso psicoanalítico, esta estará siempre sostenida por lo simbólico de una falta que se quiere inevitablemente colmar acudiendo a relatos dramáticos cuyos protagonistas parecen heroínas o derrotados, cuando solo hacen sus movimientos guiados inconscientemente por la estructura y el goce. En cierto modo el psicoanálisis es una mala noticia para las épicas personales.



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