Lunes Analíticos
Un texto de Sigmund Freud, menos trabajado que muchos otros, llamado Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo analítico (1916) muestra lo que el psicoanálisis se beneficia de considerar los tipos culturales que se proponen desde las neurosis, en sus diversas épocas.
Freud advierte que el trabajo analitico que se dirige predominantemente hacia los sintomas y detras de ellos hacia las "mociones pulsionales" que se satisfacen por su intermedio. Pero advierte, que, muchas veces, cuando queremos entender el sentido de algunas resistencias, es harto interesante dirigirse a considerar los caracteres, entendidos no como el sitio donde se encuentra lo mas genuino de cada sujeto, sino mas bien, el lugar que las defensas han construido a lo largo de los años.
El texto continúa con un análisis fino y consistente de tres tipos de caracter, cuyo armazón defensivo los ha vuelto clásicos: las excepciones, los que fracasan al triunfar, y los que delinquen por una culpa inconsciente. En los tres casos, es la otra escena del carácter la que muestra el lugar de la causa y asegura así que la "personalidad" de los sujetos no es mas que una construccion secundaria, destinada a protegerse de una amenaza pulsional, esto es, en lenguaje lacaniano, de una inquietud real. En efecto, lo que a veces los sujetos consideran su hogar, es en verdad, un conjunto de medidas de defensa y, lo que es mas sorprendente, no es allí donde debemos buscar la verdadera "identidad" de un sujeto, sino mas bien en los fundamentos reales de su condición de seres hablantes, de la causa que habita en su goce y de la ley inexorable que articula sus palabras y su deseo.
De este modo, los sujetos se plantean como excepciones, "dicen que han sufrido y se han privado bastante, que tienen derecho a que se los excuse de ulteriores requerimientos y que no se someten mas a ninguna necesidad desagradable". Este caracter singular - continúa Freud - es sostenido por un injusto prejuicio que habían recibido en la infancia que los habia llevado a arrogarse privilegios y rebeldías por esa injusticia que se había cometido con ellos. Es al Otro, encarnado en una forma del destino, que el sujeto eleva su queja por no haber sido agraciado con dones o haber sido privado de lo que suponía que le correspondía y es esa queja lastimera, indignada, silenciosa o ruidosa y desplazada en numerosos sintomas que se convierte en una parte fundamental del carácter sosteniendo una necedad fundante que vuelve poco simpáticos a estos individuos.
El segundo tipo de carácter es el de los que fracasan al triunfar, esto es, los que no soportan que se cumpla un deseo profundo de sus vidas. "Parece - apunta Freud - como si no pudieran soportar su dicha, pues el vinculo causal entre la contracción de la enfermedad y el éxito no puede ponerse en duda". Aqui lo discutido ante el Otro es el goce que se deriva del triunfo, goce que resulta imposible de soportar para el sujeto y esto porque los poderes de la conciencia moral privan de la satisfaccion por haber alcanzado una meta largamente deseada. Como afirma Freud no es lo mismo un deseo que sólo se satisface en la fantasía que el mismo cuando alcanza una satisfacción real y atribuye este carácter a una relación íntima de este deseo con el complejo de Edipo y la relación con el padre y con la madre.
El tercer caso es de los que delinquen por complejo de culpa, esto es aquellos cuya culpabilidad prexiste al acto prohibido, como si cometiéndolo darian algun sentido a esa culpa que se percibe en sus efectos pero no en su causa. El Otro es aquí la Ley, pero una ley insensata que delata rápidamente sus vinculos con lo que Freud llamó el superyó, es decir esa instancia que redobla la satisfacción pulsional prohibida en un segundo movimiento que conduce a la satisfacción por el castigo moral de esa prohibición. El castigo es aquí la respuesta a una culpabilidad estructural de la humanidad, que Freud sitúa en relación al odio al padre y la busqueda de la satisfacción sexual con la madre, pero que Lacan amplia estructuralmente vinculándola al limite de un goce fundamental por efecto de la imposición del lenguaje y su poder legalizador. En este sentido no hay deseo que no surja de una ley que limita el goce y que en su límite de satisfaccion puede reencontrarse con la trangresión como su motor y con la culpa como su exceso indispensable.
La lectura de este texto freudiano nos coloca inmediatamente en una relacion de desconfianza con el carácter, esa formación que aloja numerosas pulsiones dormidas en su busqueda de satisfaccion pero que pueden despertarse conformando muchos de los padeceres que aquí Freud describe. En este sentido Lacan situó -siguiendo una intuición de Wilhem Reich - al caracter como una armadura (especialmente en la neurosis obsesiva) cuyo peso y constitución es un modo de defensa contra el goce. Mientras esos rasgos no se sintomaticen, nada puede hacer el analista y es mejor que se mantenga alejado de ellos ya que cualquier intento de disolverlos puede despertar al demonio de lo otro, a un goce cuya acción expansiva se encuentra (y es mejor así) contenida por el carácter, pieza de orfebrería curiosa que, quizás desde Shakespeare, se encuentra ubicada en el lugar del destino para explicar los desatinos y las destrucciones engendradas por los sujetos.

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