Lunes Analíticos
En el psicoanálisis, pero habría que ver en qué otros discursos también, se produce esta lógica curiosa, se tiende mas bien a hablar de lo que no hay, más que de lo que hay. Esta ausencia constitutiva, introducida en el discurso del sujeto de manera "natural" (natural para quien esta advertido de esta lógica, se entiende) sostiene el parlotear del sujeto durante años hasta el punto que todos los analizantes hemos enloquecido en un momento de nuestros análisis por tratar de llenar ( de objetos, de sentido, de interpretación) esa vacío central que hace que, a partir de él se engendren sucesivas instancias subjetivas.
El termino engendrar me parece aquí pertinente toda vez que evoca esa operación que permite que un nuevo ser advenga al mundo. Esta operación se hace en el vacío del encuentro, allí donde el amor, el deseo y el goce juegan su partida (sin duda no armónica) para que dos cuerpos se encuentren intentando, una vez más, cubrir ese vacío.
En Freud mismo, hay una instancia que simboliza ese vacío y que curiosamente se refiere al encuentro sexual. Esa instancia es el falo. Y voy a defender el "color de vacío" (como decía Lacan) que el falo posee para Freud, toda vez que nunca es caracterizado como el pene, sino que se mueve en una zona imprecisa que el valor falico de los objetos y las personas vienen a llenar sin lograrlo, esa ausencia que la expresión falica evoca, toda vez que no se refiere al órgano masculino. Justamente por no ser de una consistencia material, el falo puede ser infinitamente desplazado.
En un artículo llamado Sobre las trasposiciones de la pulsión, en paticular del erotismo anal (1917) afirma que "los conceptos de caca (dinero, regalo), hijo y pene se distinguen con dificultad y facilmente son permutados entre sí" y más adelante "repitamos, pues, de una manera menos expuesta a objeciones , que esos elementos a menudo son tratados en lo inconsciente como si fueran equivalentes entre sí y se pudiera sustituir sin reparos unos por otros". Lo importante de estas citas es, me parece, que primero Freud no habla del pene, sino del concepto del mismo, es decir su simbolo, su valor fálico. Segundo, que el elemento de sustitución entre todos estos "elementos" es lo que le da su valor metafórico al falo, su característica simbólica y su desprendimiento de una realidad que podría significarlo, eventualmente.
Jacques Lacan, por su parte avanzó todavía más en esta evaporación de la realidad fálica, para constituir finalmente al falo en un simbolo y más adelante en su enseñanza en una letra, sustitución no sólo metafórica sino puramente instrumental, tal como en una ecuación matemática las letras que la componen se presentan vacías de significado y solamente dispuestas a cumplir su papel de instrumento de la ecuación misma. Finalmente, en Lacan, no todo se resuelve en el goce fálico sino también existe ese Otro goce, goce femenino por excelencia (del que no están privados los varones, por supuesto, así como las mujeres tampoco se encuentras exentas del goce fálico) que articula un mas allá de la premisa fálica y se sitúa precisamente en el vacío de significación que anuda el goce sexual con el goce de la lengua.
Que esta ausencia de escritura de una relación erotica, que Lacan llamó inexistencia de la relación sexual, esto es que no es posible combinarla en una fórmula lógica como la que sostiene la equivalencia entre estas letras E= mc2 y la "realidad" de la transformación de la materia en energía a partir del cuadrado de la velocidad de la luz, sea suplementada por numerosas combinaciones sexuales que fascinan al antropologo de epocas pasadas y de las nuestras, no hace imposible las relaciones entre los seres hablantes, las cuales se multiplican y se combinan de maneras regidas por el goce singular.
Alli el amor permanece como un débil pero sostenida ligadura que suplementa esta ausencia. Parece poco pero como afirmaba Lacan en un Seminario, el XVIII, "una relación sexual (...) no se sostiene, no se asienta, mas que por este arreglo entre el goce y el semblante que se llama castración" y, agreguemos para que la función de castración se acepte, es preciso el amor. Amor a quien? a una figura mítica, el padre, instaurado por Freud para asegurar la función y reemplazado por Lacan en referencia a la lengua que en sí misma porta por su caracter diferencial entre los significantes, la función del limite, del corte que hace posible la castración del hablante, su inscripción en una falta constitutiva y estuctural. Entonces hay algo en relación al amor y a la lengua que el escritor grafica muy bien al mostrarse sumiso a los dictados de la misma, enamorado de los significantes y el goce que la mueven.
Un analista, por el contrario, debe, en estas circunstancias ser cuidadoso con respecto a este amor y conducir al sujeto hacia un develamiento de sus fuentes que le asegure inventar un "nuevo amor" cuyo fundamento no sea el hacer desaparecer una ausencia, sino el de velarla con prudencia y pasión.

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