Lunes Analíticos
¿Que es terminar un analisis? La pregunta no es vana ni alambicada y su respuesta tampoco puede serlo. Lo importante de su formulación radica en el hecho de que un análisis tiene un comienzo y por lo tanto, como todo procedimiento que procura obtener un resultado, tiene también un final. Consideremos, sin embargo, que si se plantea el final de los análisis es porque lo que se pretende modificar de los sujetos, es algo que es posible de modificar, y tambíen, es algo que no se inscribe en un cierto déficit que el análisis vendría a suplir. En este sentido, el padecimiento segun nos enseña Freud, no es un menos, sino mas bien un más, un exceso de satisfacción inconsciente. Desde este punto de vista transformar el padecimiento implica un reconocimiento de lo paradojal de esta satisfacción. No hay conclusión posible de un análisis si algo de ese goce no ha sido situado explicitamente en el sujeto, si el sujeto no lo abandona o, en caso de mantenerlo ya no lo hace como una imposición misteriosa sobre sus buenas intenciones, sino como una decisión que, singularmente, transforma su sentido sufriente.
En este sentido no puede definirse el análisis, por ninguna recuperación, la cual si se produce es totalmente lateral, no importa cuánto el analizante la valore. El obtener el uso de una función del yo que se encontraba estancada implica una transformacion de la inhibición que la aquejaba y las inhibiciones, cuando se descongelan, por decirlo así, se transforman en síntomas, producen un sufrimiento adicional que hay que resolver mediante un trabajo decidido y constante. En 1925, en un texto crucial, llamado Inhibición, Sintoma y Angustia, Freud sitúa esto diciendo que el yo renuncia a sus funciones por dos causas: cuando ejercerlas implicaría una satisfacción prohibida "el yo renuncia a estas funciones que le competen a fin de no verse precisado a emprender una nueva represion, a fin de evitar un conflicto con el ello", es decir que su inmovilidad es un defensa contra una función que se ha contaminado del sentido de una transgresión. Por otro lado, también renuncia cuando se ejerce una autopunición, "el yo no tiene permitido hacer esas cosas porque le proporcionarían provecho y éxito, que el severo superyó le ha denegado". En ambos casos el goce, tanto del castigo, como de la satisfacción está presente y articula el empobrecimiento de las funciones del sujeto, de modo que reconocerlo y admitirlo o rechazarlo pero de manera consciente, son los caminos que se imponen en un psicoanálisis y constituyen un costo alto, pero inferior al que la inhibición cobra por mantenerlo todo en equilibrio.
El sintoma, por el contrario, indica que el estado "natural" del sujeto humano no es el equilibrio, sino por el contrario, la alteración. Con un síntoma el sujeto se sitúa ante el Otro y discute sus posibilidades de satisfaccíon. O si se quiere una formulación mas compatible con el Lacan tardío, es el Uno del goce quien se congratula de gozar al sintomatizarse. Solo que al hacerlo, su propósito es económicamente más discutible, mucho trabajo para obtener una satisfacción que hace sufrir. Hacer evidente esto es lo que el analista procura, tratando de que el ser hablante decline algo de su satisfaccion, para encaminarse por la via de un deseo cuya insatisfaccion es constitutiva. Lejos de situar un equilibrio, la "curacion" consiste en trocar un desequilibrio sintomático por un desequilibrio deseante, lo que lleva al sujeto a complicarse la vida pero al menos de manera más eficaz para el logro de sus anhelos. Lacan afirmaba en el Seminario 23, que la introduccion del síntoma en el nudo borromeo implicaba que los registros se sostienen gracias a él, y supone que el sintoma es ineliminable de la estructura y que solo podía la operación analitica, convertirlo en un sinthome, es decir un sintoma reducido en su goce y que se transforma en un utensilio que define al sujeto.
Algo análogo sucede con la angustia, tercer termino freudiano que resume lo que el análisis puede transformar. Sin duda un estado angustioso generalizado y totalizante está contraindicado y el analisis busca estabilizar ese estado afectivo, procurando que la angustia no sea una descarga que inunde el aparato psiquico, sino un señal que advierta, y que permita al sujeto anoticiarse de las vías de su deseo y su goce. Pero, tampoco hay curación de la angustia, ya que ésta como afecto que no engaña no puede desalojarse del aparato psiquico sin incurrir en una mutilación aterradora. Un sujeto que no pueda percibir las señales de su angustia, es un sujeto que se encamina hacia su segura destrucción absolutamente confiado en que su yo le indicara el buen camino. Y el yo, en su función de desconocimiento tiende a indicar rutas equívocas o delirantemente "seguras".
Entonces, la noción de "cura analítica" es errónea si se supone que se trata de restituir un estado anterior a la aparición de los sintomas, si se trata de suponer un sujeto sin sintoma, o sin angustia. Se trata, por el contrario de asegurar un destino del sujeto elegido con la poca libertad que posee, sostenido en un amor que lo engañe, un deseo que no cese y un goce que sea reconocido y asegurado en un lugar preciso de la estructura. Lo incurable de una vida es aqui revalorizado y adquiere un nuevo sentido, al situarse como causa y no como padecimiento. De este modo, el análisis no cura, si entendemos por ello una supresión total de la incomodidad de vivir, sino que puede procurar un reordenamiento de la misma haciendola mas soportable y precisa.
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