Lunes Analíticos
En 1938, cuando Alemania ya no era la antigua voluntad y representación sino más bien una preparación afanosa de la destruccion y el rechazo, Freud escribió estas palabras citando al autor de una nota contra el antisemitismo al que no podía recordar "Aparte de la religion de amor y humanidad, hay también una religión de verdad, que ha salido mal parada de estas protestas. Pero lo cierto es que durante muchos siglos hemos tratado injustamente a los judíos y que continuamos haciéndolo al juzgarlos injustamente". Como sugiere sutilmente Strachey el autor desconocido puede haber sido el mismo Freud, que de esta manera se enmascaraba para atravesar el espectaculo del mundo, pero lo que llama la atención de la frase es por supuesto su condena de cualquier forma de discriminacion al pueblo judío, pero sostenida no en el amor y la humanidad sino en la verdad, forma que resulta inusual en esta época donde los invocaciones a los buenos sentimientos y al valor de lo humano suelen resultar - como lo fué entonces - inútiles para detener el odio que se avecina.
Freud destaca el valor de la verdad y en este sentido resulta interesante considerarlo. No apelando a "mi verdad" o a "la tuya" forma del delirante individualismo que afecta nuestro tiempo, sino a la verdad como lo que permite discernir, elaborar y elegir enunciados que se acerquen lo mas posible a lo que sucede en los hechos. Acá, como se ve, acudimos a la noción de verdad elaborada por Aristóteles donde se afirma que un enunciado es verdadero si refleja adecuadamente un estado de las cosas, definición referencial que acentúa un estado anterior y fundante del enunciado, esto es un realismo que podrá ser todo lo crítico que se quiera, pero que resulta fundamental a la hora de elaborar un conocimiento. No es fácil, desde luego, establecer cuando un enunciado acierta en describir un estado del mundo, pero a pesar de los subjetivismos imperantes, hay una manera de establecerlo transitoria y precaria pero suficiente para obrar en consecuencia.
En el psicoanalisis, a pesar de que Lacan estableció el imperio de la lengua sobre el conocimiento y su definición de un real como aquello que era imposible de representar, su utilización de la verdad permaneció de manera paradojal hasta el final de su obra. Es cierto que profirió que "la verdad, miente" pero esa misma afirmación supone un lugar desde donde la verdad es enjuiciada y por otro lado, las mentiras de la verdad son muchas veces la veracidad de las histerias. Esto es que en el plano del sujeto hablante, verdad y mentira son dos caras de presentación de lo real cuya naturaleza la lengua no logra asir jamás a pesar de rondar en elipsis sobre ese centro imposible durante toda la existencia.
También es cierto que Freud, en su pasión por lo verdadero, descuidó muchas veces el rasgo real de los sintomas, cuyo tratamiento no era por la vía de la verdad, sino del acomodamiento de los registros en un sujeto, aunque la verdad se perdiera por el camino. El caso que muestra con creces esta "falla" del tratamiento es el Hombre de los Lobos, cuyo desencadenamiento se produce justamente por ese perseguir incesante de Freud de la verdad de la escena primaria, esta reconstrucción excesiva de la verdad junto a los datos históricos, este esfuerzo de autenticidad biográfica que desconoce los registros y pone en primer plano lo real del goce produciendo el rechazo perceptivo del sujeto.
En el Seminario 24 de J.Lacan encontramos esta precisa referencia: "Lo verdadero es un decir conforme a la realidad" y aclara que la realidad es lo que funciona y en este sentido se diferencia de lo real del cual agrega que "es una suposición completamente precaria que mi real (...) condicione la realidad (...) Hay en ello un abismo que estamos lejos de poder asegurar que se franquea" lo que para mi quiere decir que esto que Lacan, llama su sintoma, es decir la elaboración un real por debajo o detrás del inconsciente freudiano no destituye la idea de la verdad sino que la vuelve también determinada, en el plano del ser hablante, a lo real del goce que habita este ser. De allí que Lacan finalmente haya jugado con la escritura para gestar la palabra varité, que es una condensacion de verdad y variedad. Esto es que la verdad de los sujetos depende de sus posiciones de goce y en este sentido nuestra acción analítica se dirige a la satisfacción inconsciente mas que a los efectos de falsedad o verdad que producen. En otras palabras, es lo que permite que la varité de un sintoma cambie de sentido toda vez que es afectado por la interpretación adecuada, incluso que se vacíe de él, para transformarse en una pieza central del accionar del sujeto.
La definicion de Aristoteles puede ser considerada imperfecta o bien retorcida conceptualmente para indicar que tambien en el sujeto existe un enunciado que precisa la verdad de su sintoma, aun cuando este sea la mentira más evidente. Es lo que llamamos el fantasma fundamental, formación articulada de lo real del goce (representado por el objeto a) y de la posicion simbolica del sujeto. Frente a lo real, el fantasma también miente, en tanto procura obtener del traumatismo una cuota de satisfacción. En ultima instancia me parece que esto articula a Aristóteles y a Freud, en el lugar de la otra satisfacción, la real, título como todos saben, que dió J.A. Miller a un capitulo crucial del Seminario XX de Jacques Lacan.
Se ve entonces que la verdad no es un altar ante el cual el analista se postra, sino una formula, una disposición cuasi operacional que sirve para discernir la mentira del sintoma y la conduccion del sujeto hacia un nuevo ajuste de su relación con lo real que lo habita.
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