Lunes Analíticos
En una carta enviada a Ferenczi el 8 de abril de 1915 Freud le explica que ha terminado ya los ensayos correspondientes a la represión y a la pulsión y que está ha punto de comenzar el tercero de ellos, que - dice - "versará sobre lo inconsciente y su reconocimiento", en lo que significó un intento de componer su metapsicología, es decir una teoría consistente que explicara de manera sistemática los fenómenos psiquicos pero "mas allá de ellos" es decir un esfuerzo verdaderamente estructural que culminaria con lo que se ha llamado segunda tópica, es decir una reorganizaciòn de la concepciòn del aparato psiquico que se basa no en comarcas como la primera (inconsciente, preconsciente, consciente) sino en identificaciones y cargas de objeto, en fijaciones y represiones y en estructuras que trascienden la temporalidad para asentarse como sucesivas capas que intentan reorganizar pero no lo logran, la anterior estructura y que finalmente quedan como estratos incompletos y superpuestos a la manera de las capas geológicas que permiten identificar por ejemplo, a los arqueólogos, distintas versiones de una ciudad según los periódos geológicos que se van localizando y componen esta estructura incompleta.
Hay que agregar que cada una de las tópicas (que asi se llaman estos intentos estructurales de organización del psiquismo) no se anulan unas a otras sino mas bien se descompletan, tienen puntos de contacto y de divergencia y como esfuerzos estructurales padecen de su penetración en lo real que quieren simbolizar, esto es no pueden decirlo todo, dejando vastas zonas como problemas sin solución aparente. Digamos tambien con Germán García que hay una tercera tópica que él encontró en el registro económico de la metapsicología, donde el movimiento de las cargas, las investiduras, el recubrimiento pulsional, y cierta energética que parece apoyarse en un modelo clásico del siglo pasado, pero que en verdad, es totalmente inventada por Freud, muestra el sustrato real del sintoma, la angustia y la inhibición. Esta tambièn es incompleta y localizada, puesto que el papel de la teoría en Freud no supone un recubrimiento hegeliano donde todo lo racional es real y lo real es racional, sino una especie de programa cuya vinculación con lo real nunca encaja completamente, aun cuando carecer de ella sumiría al psicoanalísta en las oscuridades del sentido común, el menos comun de los sentidos como lo señalara irónicamente Voltaire.
El dato adicional es que la metapsicologia fue compuesta durante la Primera Guerra Mundial y allí encontramos una grandeza en Freud que definirìamos como la capacidad de seguir trabajando en medio de la adversidad y los infortunios, incluso sin abandonar su ironía cuando se hacía necesaria. En otra carta a Ferenczi (la del 23 de abril de 1915) le dice que "actualmente no sabemos si estamos a punto de iniciar la guerra con Italia o de pactar la paz con Rusia. Deben tramarse muchas cosas entre bastidores; raras veces ha habido tanto hermetismo", no ignorando que los poderosos arreglan muchas veces en secreto componendas que no benefician a los ciudadanos. Pero lo notable es que continuó su esfuerzo de teorización y de investigación clinica (en la medida en que la guerra no interrumpia el flujo de pacientes) durante toda la contienda.
Jacques Lacan, quien durante la Segunda Guerra Mundial, abandonó toda publicación y transmisión pública de sus conceptos en repudio a un invasor que iba a poner en entredicho al género humano por la crueldad y la capacidad de exterminio que demostró durante la guerra, también modificó su teoría. Como lo afirma Jean Claude Milner en un libro cuya pertinencia no es banal, es decir La Obra Clara, hubo dos clasicismos lacanianos. El primero, fundado en el paradigma de la estructura y el papel fundante del registro de lo simbolico sobre lo real se explayo aproximadamente desde 1953 hasta fines de los años '60. Su inestabilidad era extendida, lo que motivó un segundo clasicismo que se extendiò desde 1970 hasta 1978 cuya noción central era el matema y pretendía absorber todo lo real de la experiencia analìtica. Esto se reveló como no posible y finalmente culminó en una posición final llamada por Milner la deconstrucción. Quedan de esta ultima etapa de la Lacan sólo fragmentos que no llegaron a cristalizar en un tercer clasicismo por la muerte de este en 1981 y que se refieren al papel del silencio, la letra, el nudo y las cuerdas.
Se habrá comprendido ya hacia dónde va esta reflexión. La teoría analítica no es un dios al cual hay que rendirle pleitesía, puede ser cambiada y renovada. Pero tampoco es un simple expediente de comodidad y economía que permite ahorrar tiempo en las descripciones fenomenológicas, toda vez que sin ella, por incompleta que fuera no podría conducirse un análisis y aún peor, no podría decirse nada de una experiencia que merece ser transmitida.

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