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 Lunes Analíticos

La multitud de los conceptos, en una teoría definida como tal, supone una cierta articulación de los mismos, una determinada seriación, y una formalización que los vuelve manejables hasta cierto punto. Por supuesto que este ordenamiento de una teoría, es sumamente transitorio, toda vez que nuevos descubrimientos, nuevos planteos, nuevas invenciones trastocan profundamente la construccion anterior y la vuelven inestable, hasta que es reemplazada por otra nueva. Hay quienes tienen fascinación por el momento en que una teoría parece estar constituida definitivamente y quienes, por el contrario, se apasionan por los momentos de vacilación de una construcción o por la pequeña confusión epistemologica que se suscita en los momentos previos al cambio de paradigma. Son cuestiones de gusto, pero me parece que erróneas desde un angulo de la verdad de ambas posiciones. Porque una teoría y sobre todo la analítica, no puede jamás recubrir lo real hacia lo cual se dirige. Ese real es díscolo a su apresamiento en conceptos, cosa que no lo sabriamos si no apresáramos algo de él en construcciones teóricas. Al mismo tiempo, lo real que se evidencia en la practica psicoanalítica no puede ser concebido siquiera, si no contaramos con instrumentos simbólicos e imaginarios para tratar de darle una consistencia mínima e inestable. Si Freud no hubiera precisado la pulsión, si Lacan no hubiera redefinido esa dimensión del ser viviente apuntando al goce que suscita, no se habría supuesto jamás que ese latido de satisfacción inconsciente era causado por la lengua y su acción sobre el cuerpo. Que el humano era un ser enfermo de la lengua, que el cuerpo animado por el goce perturbaba el organismo y que hablar lejos de ser una ventaja constituía una pasión y una locura enfermiza a la cual había que limitarla con alguna construccion supletoria para que vivir fuera posible.

Que los conceptos, la teoría en el discurso psicoanalítico sean un semblante, esto es un modo simbolico/ imaginario de atrapar imperfectamente algo de lo real y que no haya forma de superar este límite cognoscitivo, no quiere decir que el calculo de lo real sea imposible. Tampoco supone adjudicar al pequeño bagaje conceptual el atributo de mentira, salvo que pensemos que la verdad vive fuera de la intersección entre lo simbólico y lo real, intersección imperfecta por naturaleza, que no dará jamás ningun resultado absoluto y que hará que nuestras teorías caigan y se levanten una y otra vez en un baile cuyo único objetivo es permitir que la música siga y que los sujetos encuentren una relación (mentirosa, por supuesto) con lo real mejor ajustada que la tenían anteriormente. ¿Como podría pues cambiarse un soporte con lo real por otro "mejor" (para cada sujeto, por supuesto) si no hubiera algún calculo del mismo? Tanto del que se deja, como del que se encuentra o se inventa. No hay transformación alguna en la practica analítica si no es posible registrar (aun imperfectamente) algo de esto. Tampoco habría posibilidad de darse cuenta de los impasses de un análisis, si no tuviéramos una cierta salida definida anticipatoriamente. Que esta anticipación pueda ser equivoca sólo es posible decirlo si leemos en en analizante, en tanto como analistas somos parte de su inconsciente, las fijaciones de goce que impiden que esa "solucion anticipada" se realice. Hay que estar dispuestos a admitir la verdad de nuestros errores para que un análisis continúe y se precise de la mejor manera.

Lacan, al respecto, hizo notar que el fracaso de un análisis era la unica forma de concluirse . El fracaso, entendido como ese límite donde lo real no se deja atrapar y la unico que queda al sujeto es soportar esa dificultad con la alegría de haber llegado hasta lo mas lejos que se podia, es lo único que puede justificar un análisis. Ya que esos analizantes,con su pase, harían consistir una teoría del fin del análisis y además que lo imperfecto de la solución obtenida permitiría, en su abertura, que sigan pasando por ella nuevos analistas que redefinan, amplíen o modifiquen lo que sabemos de una conclusión analítica, sin que ese agujero del saber se llenase jamás. 

En este sentido no hay tecnologia psicoanalítica, ya que las tecnologías son por definicion estrategias del saber para que lo real obedezca y se encarrile. Pero el real psicoanalítico, el goce que anima la vida, es imposible de domesticar.

El análisis es así concluíble, uno por uno, pero su tarea es interminable. En este sentido es parecido a la ciencia, sólo que a diferencia de ésta, el sujeto que produce no es eliminado como en las teorías cientificas. Ser parlante por excelencia sigue abriendo nuevos surcos en un discurso cuya unica posibilidad de sobrevivir es dejar abierto el saber, allí donde las ciencias de la subjetividad tienden a cerrarlo imprudentemente.



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