Lunes Analiticos
No deja de ser interesante en la estructura de lo que se llama, eufemísticamente, "enfermedad mental" que todas ellas, tanto las neurosis, como la psicosis y el autismo se encuentran enredadas en el ingreso del sujeto al orden simbólico, o para ser más moderno, en como una lengua se establece sobre un organismo produciendo todo tipo movimientos en la materialidad de ese cuerpo y estableciendo pérdidas e intermediaciones que pueden ser tanto fatales como necesarias.
Jacques Lacan supo pesquisar estas diversidades desde el principio de su enseñanza y concluyó en que la salud mental es por un lado mítica, pero, por el otro, una forma de imposición que el Otro social realiza sobre los sujetos y que siempre intenta acompasar la conducta subjetiva con un orden social cuyo imperativo superyoico es, habitualmente, producir más y mejor sin importar ninguna pregunta esencial del sujeto.
Porque, me parece, que así es como debemos entender las cuestiones que plantea el ser hablante al representarse por un síntoma: se trata de una pregunta que se dirige a un Otro donde se espera encontrar la respuesta por la existencia.
Como alguna vez supo precisarlo Freud en una entrevista dada al periodista Georges Viereck en 1926 donde afirma, hablando de lo que puede obtenerse con su método que "El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis despues del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrrollarlos en torno a su carretel". Dió asi la unica respuesta que puede darse a esa pregunta y es que no hay mas en la vida que lo que se realiza conforme a nuestro deseo ya que la pregunta misma es el comienzo de la neurosis. Reordenar las pulsiones conforme a su naturaleza es una operación cuyo condición de imposible no impide intentarlo. En este sentido, el psicoanálisis conduce a un nuevo arreglo con lo que nos causa y abandona cualquier intento de predicar una "normalidad" de la que el sujeto humano carece.
Es que el psicoanálisis obtuvo desde el comienzo, los elementos del padecer subjetivo de la confesión del propio sujeto. Era el o ella, la que se explayaba y contaba cómo era su sufrimiento íntimo y cómo se procesaba su desventura. No fueron los manuales de psicopatología los que dieron nombre a las neurosis, por ejemplo, sino la experiencia clínica con las que Freud abrío un campo decisivo que fue posteriormente extendiéndose mediante aplicaciones cada vez más extendidas del procedimiento analítico.
Pero es que en psicoanálisis la experiencia está regida por la teoría, así como la teoría está muchas veces desmentida por la experiencia. En una dialéctica donde los términos teóricos se inmiscuyen en la realidad de la practica analítica procurando despejar allí lo cierto estatuto de la causa real del sufrimiento, así como ese recorrido termina por ampliar, discutir o simplemente precisar el semblante de los conceptos. Como afirma Jacques Lacan "Asi lo real se distingue de la realidad. Esto no para decir que sea incognoscible, sino que no es cuestión de entenderlo, sino de demostrarlo. Vía exenta de toda idealización" (Radiofonía). En este punto demostrar sin entender por identificación, se vuelve una tarea central para todo analista y esto debe ser realizado precisamente en su clínica.
Precisar el síntoma del cual el sujeto sufre, para ayudarlo a extraer de él el imposible de goce que lo habita, es tarea de la interpretación, de las maniobras de la transferencia, del acto analítico mismo. Esto no tiene nada de intelectual, ni de elaboración extrema: sólo se trata de ir al corazón de un sintoma para demostrar que está habitado por una satisfacción extraña (lo cual justifica su existencia) y que sólo vaciándose o tomando una posición ante ella, puede concluir en su tarea de proporcionar malestar y advertencia.
Porque si hay algo que los sintomas tienen es su carácter de mensaje y de indicacion. El primero por enmascarar una significación; la segunda, por señalar un sentido, un estado en el que nos complacemos en el malestar dando así una apariencia de ser a nuestra existencia.
Solo la vía del deseo, es la que permite ir mas allá de estas fijezas de los sintomas. Vía que no está exenta de dificultades, lo que la hace precisamente apta para producir sujetos capaces de encarnar una obra, por modesta que esta fuera, sin alardes y sobre todo, sin la vanidad absurda que enloquece la vida y la muerte de los seres humanos.

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