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 Lunes Analíticos


En la coleccion de textos precisos de Sigmund Freud, elegimos uno de 1913, El motivo de la elección del cofre para definir no solo el método freudiano sino también uno de sus temas centrales: la muerte y sus consecuencias para el sujeto del inconsciente. El escrito, prácticamente en su comienzo, posee una advertencia: "Seguimos preguntando, pues nosotros no creemos, como muchos mitólogos que los mitos hayan descendido del cielo; mas bien juzgamos, con Otto Rank, que fueron proyectado al cielo despúes que nacieron en otra parte, bajo circunstancias puramente humanas". La escena del Mercader de Venecia de la eleccion de tres cofrecillos por la hermosa y prudente Porcia y al mismo tiempo, la eleccion de su esposo de entre tres pretendientes que la cortejaban, muestra con claridad que un mito antiguo se realiza allí. Ya que como afirma Freud, Shakespeare tomó el tema de la Gesta Romanorum una antigua recopilación de relatos de autor anónimo en el que un estudioso de la epoca ve un reflejo de un ciclo épico estonio, donde los tres pretendientes estan tambien vinculados al Sol, a la Luna y a la Estrella, siendo el tercero, el del cofre de plomo, quien es el elegido.

Freud descubre entonces detrás de un mito, un motivo humano, la elección de un hombre entre tres mujeres (invertido en el texto de Shakespeare). En otra obra de este autor, el Rey Lear, encuentra también esta concordancia. Solo que ahora es viejo quien decide repartir su reino, entre sus tres hijas, según el amor que le profesan. La pregunta freudiana es quienes son esas tres hermanas y ¿porqué la elección recae sobre la tercera? Cordelia, la tercera hija no se hace notar, simplemente ama y calla. Y es esta mudez la que permite conectarla con una figuración en sueños, donde simboliza a la muerte. Los muertos no hablan y su silencio es, sin duda, una manifestación positiva de lo que Freud llamó pulsión de muerte. La muerte, entonces, está en el fondo de la elección y nos hace ver porqué El rey Lear se equivoca al desheredar a Cordelia, y en la imagen final, donde se lo ve cargando el cuerpo muerto de su hija, una simple inversión - sigue diciendonos Freud -  nos muestra la significacion real de la escena: es el viejo Lear quien se encamina hacia su silencio final llevado por la muerte, personificada en su hija.

Las tres hermanas, por otra parte son las hermanas de destino, las Moiras de las cuales la tercera es Atropos, la muete, lo inexorable y lo que tanto el relato mitico, como la obra teatral y los sueños, tratan de evitar sin lograrlo. La conclusión de texto muestra en las figuras de la mujer es decir, la madre, la amada y la muerte una forma de lo real que se desliza siempre por el texto freudiano. Es que, la muerte, a pesar de su insistencia, no es mas que otra forma de supresión del goce y como tal, es preferible aceptar eso en la castración, para poder finalmente, someterse a ella con un valor discreto, cuando llegue la hora.

No es extraño que la castracion, para un hombre, deba afectar a la madre, a su amada y a la muerte misma. A la madre porque ella es la prohibida en el mito de Edipo, estructura donde el deseo se une ya a la perdida misma del objeto gozado. A la mujer porque ella, como síntoma del hombre, articula la castracion y prohibe el exceso de goce fálico, punto varonil de locura. Y finalmente la muerte, donde los goces desaparecen junto con el cuerpo y, por lo tanto, es el reino del silencio. Hay que decir que también la mujer está sometida a la castración, pero de una manera diferente. A la de la madre, porque eso impide el estrago terrible que una mujer (madre) puede hacer sobre otra mujer (hija), a la de un hombre a quien puede elegir para amar y por lo tanto regular su Otro goce. Y a la muerte, por supuesto, donde nuevamente el silencio se impone.

No en vano el psicoanálisis, ha establecido su método en la palabra. Hablar es una cierta defensa contra la muerte. Naturalmente todos los días hablamos y decimos innúmeras tonterías y eso mas bien es una defensa fracasada. Pero el hablar tan particular que impone el método de la asociación libre mas bien conduce a poner en valor a la palabra, desautorizada por la cháchara diaria y a situar el silencio de manera precisa.

En su Seminario La logica del Fantasma, Lacan destacó una diferencia entre dos modos de hacer silencio que llamó -con términos latinos - el sileo y el tacere, el primero alude al hacer silencio,  el segundo a callar, cosa que hacemos cuando nos vemos sometidos a la autoridad de la represión. En cambio el primer término se sostiene en la seguridad de no tener nada que decir y es éste es el que es objetivo de un análisis. Dejar que las palabras fluyan hasta que, dicho todo lo que se debía decir, se haga un silencio. Entonces el análisis habrá terminado. Es que este silencio del final no se dirige a suprimir algo, sino a reconocer que sometidos al amo verdadero, la muerte, todos terminaremos por practicarlo.

Mientra tanto nos queda el escribir, otro modo de regular el goce de hablar, poniendo el freno de la gramática y de la conclusión lógica en nuestros textos. Lo cual es otro modo de celebrar la vida que, mientras dure, debe ser lo que merece ser celebrado.









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