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 Lunes Analiticos


Un Seminario de J.A. Miller, recientemente publicado, pero que data de 1984, llamado 1,2,3,4 pone el acento en uno de sus capítulos sobre la oposición inconsciente y acto, para precisar que si el primero se aborda a partir de la rememoración, el segundo, por el contrario supone una entrada del sujeto en la ex-sistencia. Es decir que el acto coloca al sujeto en un posición fuera de sí y suspende, por un instante, todas las maniobras de verificacion que ha podido realizar mientras derivaba por los significantes de su inconsciente.

"Lo que produce el acto es la certidumbre" continúa Miller, mientras que el inconsciente intenta por el contrario, una verificación, busca el caracter imposible de la seguridad del significante. La certidumbre está a nivel del ser del sujeto y por eso un acto es aquello con lo cual el sujeto se libera de su falta en ser, de su incertidumbre que es la nota crucial de su inconsciente.

Esta distinción, central, entre acto y inconsciente permite situar de manera precisa la posición del analista quien en su acto, no está en posición de sujeto como lo imaginan los teóricos de la contratransferencia. El analista no debe estar sujeto a su inconsciente para sostener su posición y conducir de manera precisa un análisis.

Es interesante también repasar las posiciones tanto del obsesivo como de la histérica en su relación al inconsciente. La histeria, trata de volver verdadero al significante, el cual, por su naturaleza no es más que semblante. Al no lograrlo se dedica a verificar lo que no está, es decir, que introduce el caracter profundamente mentiroso de todo significante el cual no se dirige a un objeto del mundo exterior, sino que produce otro significante. La cadena de los mismos es pues interminable y en este sentido, la histeria desvaloriza lo dicho, se desdice con frecuencia, afirma lo contrario de lo que afirmó anteriormente. Es que en el corazón de esta posicion se encuentra lo que Freud - acertadamente -denominó el proton pseudos, la primera mentira. Esta no es más que la inadecuación del significante y la cosa, su deslizamiento incesante, su incapacidad para nombrar un referente de manera exacta y sin metonimia.

La obsesión, por el contario se dedica a "verificar que eso está ahí" lo cual, dado el caracter del significante que comentábamos recién, es otro imposible. Esto conduce al obsesivo a un programa interminable de verificaciones, todas fallidas y que pueden conducir al sujeto a una inhibición casi absoluta y también hace que el análisis del obsesivo se pueda deslizar facilmente por la pendiente infernal de su no finalización. 

Resulta interesante también, ver, como en este capítulo Miller sitúa lo que llama "angustia de transferencia" en la cual se conjugan la certidumbre de ser del sujeto con su indeterminación subjetiva. Esto sucede porque en el análisis conducido segun los principios del Lacan, se evita el cortocircuito que consiste en identificarse con el analista, lo cual daría una tranquilidad al sujeto y lo haría alejarse de esa angustia de transferencia que, por el contrario, mantiene todo análisis bien llevado, en una incomodidad sutil para el sujeto, producto de que está el acto como horizonte, pero la prudencia analitica mantiene al sujeto en una indeterminación que le impide acceder a él.

En cierto sentido un análisis es una espera consentida y articulada donde el analizante debe atravesar en varias vueltas sucesivas, su fantasma, el que sostiene la indeterminación de su acto y el que lo confirma como sujeto del inconsciente. Esta operación, levemente angustiante (al menos la mayor parte del tiempo) está sostenida por la transferencia, particularmente en su versión del sujeto supuesto saber y del lado del analista, por el deseo que orienta y conduce todo el análisis. Deseo del analista cuya función es la de impulsar el procedimiento,dejando de lado los deseos singulares de la persona analítica, pero fundándose en lo estructural y singular del deseo, descubierto en su análisis personal. Un analista entonces, se constituye por el descubrimiento de un objeto particular que causa el deseo mas fundamental de su vida y si el candidato a analista se separa de este objeto, luego puede adquirir una plasticidad en relación a los deseos que le permite encarnar el que va a llevar a sus analizantes hacia una salida similar.

El acto analítico entonces está hecho de transmutaciones, de metaformosis. Algo cambia pero en cierto sentido es lo mismo. Como afirma Graham Swift en una novela fundamental llamada El pais del agua "Hay una cosa que llamamos progreso. Pero que no progresa. No va a ninguna parte" y esta imposibilidad, este núcleo duro de nuestro ser es lo que tocamos mediante el acto analítico y lo que nos hace salir de algun modo, de nuestra falta en ser. Un acto analítico podría ser reconocer nuestro sinthome e identificarse con él, para adquirir una apariencia de ser y poder obrar de manera decisiva. No es mucho, me dirán. Pero tampoco es banal. En esa obra sin progreso que es un psicoanálisis, llegar a buen puerto implica siempre una travesía que concluye no con una tormenta, sino con un desembarco en otras tierras.







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