Lunes Analíticos
En un curso notable de Germán García, llamado Actualidad del Trauma se sitúa uno de esos comentarios sobre el psicoanálisis, ligeramente irónico, que eran la especialidad de Germán. Ahí dice: "Entonces, me pareció entender que, atravesar un fantasma, quiere decir que algo deja de importar. Evidentemente, supongamos que sea cierto que los celos tienen que ver con una cierta identificación al deseo de la mujer, en tanto objeto para un tercero, atravesar el fantasma, si una persona es celosa, es dejar de serlo. Por esta razon no es algo que alguien pueda proponerse. Es una operación indirecta del análisis. Algo deja de interesar". Si traigo esta cita es para hacer notar que muchos comentarios analíticos reposan sobre operaciones cuyo resultado es lo que debe comentarse, pero no la operación misma. Hay aqui un error que si lo comente un principiante puede disculparse por la inexperiencia, pero cometido por alguien que lleva años en esta cuestion resulta imperdonable.
Tratemos de leer este comentario sagaz de García, como una enseñanza sobre cómo se debe presentar un caso. En primer término, hay que separar lo importante de lo banal. Pero convengamos en que lo importante se deduce de la concepción que cada uno tiene del análisis, de la teoría con la cual se maneja. Supongamos que somos lectores de Lacan, entonces importante es lo que se establece a partir de lo dicho por el analizante, primero, y en segundo término, importante es por la posición que ocupa en ese relato y no por el tema en sí. Digamos de acuerdo con lo que comentamos que importante es el resultado, por ejemplo de una interpretación y no la interpretación misma, cuyo contenido puede ser tan singular o tan escueto que poco importa frente a lo que hace surgir. Un drama tedioso, una conspiración malévola, un amor desgraciado o feliz, el odio que estaba enterrado hace mucho tiempo, el humor que no aparecia desde hace varios años, lo que nos avergonzaba y no nos animabamos a decir, esa escena donde aparecemos como decididos culpables. Y más, mucho más, que el inconsciente puede ser variado pero también está sostenido por constantes de satisfacción que se repiten invariablemente.
Aislar esas constantes y que de su aislamiento y reconocimiento (por parte del analizante) se sigan movimiento significativos, eso quiere decir atravesar un fantasma. En cierto modo es dejar evidente la pulsion que comanda esos movimientos de la subjetividad y que ahora tiene la chance de correrse un poco, de vivificarse sin estar atada a ciertos significantes. O al menos de moverse un poco de esa interpretacion fantasmal del goce que elegimos como respuesta ante lo enigmático del deseo del Otro.
Sigmund Freud, que tenía de notable, entre otras cosas, el decir cosas que eran enormes verdades y que solían pasar inadvertidas afirma en un pequeño texto denominado Dos Mentiras Infantiles (1913) que una niña cuyo intento de mantener una figura omnipotente de su padre había culminado en varias mentiras infantiles, como la de jactarse de que su familia tenia hielo en el almuerzo todos los días o la de dibujar un circulo con un compás, cuando debía hacerlo a mano (el padre era dibujante), se precipitó en una crisis de angustia en su edad madura por el reproche ante su actitud infantil cuando conecto la palabra glace (postre helado) con glas (rotura y astilladura de vidrios) . Este puente de la lengua le permitió acceder a Freud a un componente del fantasma infantil que era el amor incestuoso por el padre. Y entonces advierte: "No hay que tener en poco tales episodios de la vida infantil. Seria un serio error si de esas faltas se extrajera la prognosis de un desarrollo de carácter inmoral. Pero sin duda, ellas se entraman con los mas intensos motivos del alma infantil y anuncian las predisposiciones a posteriores destinos o futuras neurosis" como si quisiera asimismo indicar que es en lo aparentemente nimio donde se enconde la causa y que es en los divinos detalles como ha destacado J.A. Miller donde se sitúan lo punto centrales de lo que debe ser una presentación.
Se entiende que sostenerla en detalles no es abrumar: deben ser pocos (como en el texto de Freud) y que al presentar por vía del detalle, eludimos con confianza y elegancia los datos biográficos que no sean pertinente lo cual nos permite mantener el anonimato del sujeto en cuestión.
Hay que entender que un fantasma es un portico amurallado que evita que accedamos al vacio central de las personas. Ese que tiene preguntas esenciales como que me quiere el Otro, o por que soy sexuado, preguntas todas que carecen de otras respuestas que las que el fantasma brinda. Y aún mas importante, es el goce que ese fantasma provee al sujeto. Un goce regulado y preciso ante cuyo desmoronamiento (porque la vida es enormemente más vasta que los goces, y que los fantasmas, claro está) nuestro fantasma opera como mito de garantía.
Tal vez presentar un caso sea mostrar, en suma, los distintos momentos donde se pasa de una vida garantizada por el fantasma a una vida sin otra garantía que el deseo y el goce y la pequeña valentia ante fatal destino, como le gustaba decir cuando comentaba el amor a Jacques Lacan.
Comentarios
Publicar un comentario