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 Lunes Analíticos


Un cierto, y bien fundado a mi entender, decir  sobre Freud afirma que su concepcion del amor es puramente narcisista y que, aun cuando en Introduccion del Narcicismo (1912) haya concebido el amor por la "mujer nutriz" y el "hombre protector" como alternativas a la fascinación del sujeto consigo mismo, estos no transcienden hacia un nuevo tipo de amor, sino mas bien son funciones sostenidas por la necesidad, que procura mantener al sujeto con vida e ingresarlo en la existencia.

Pero si nos detenemos un instante a considerar su obra, es posible, moderar el aserto anterior, teniendo en cuenta, en primer lugar que no es posible mantener al sujeto con vida sin una dosis de amor ya que la pura satisfacción de la necesidad produce muchas veces cuadros que o, impiden al sujeto seguir viviendo, tal como René Spitz lo mostro con su sindrome de hospitalismo, o producen daños severos en la organizacion subjetiva. De entrada, entonces, el amor debe asegurar un lugar al sujeto. No hace falta que sea un lugar cubierto de rosas y de besos, basta con que se lo discrimine en su subjetividad, se lo considere como Uno, diferente de otros y en esa singularidad se lo acoja y se lo cuide. 

Por supuesto, para hacer esto, el otro puede estar imbuido de ideales narcicisticos, pero el amor que despliega tiene una dimension que va más allá de lo puramente yoico, que apunta al ser de goce del sujeto y que lo autoriza a sostenerse en la existencia. En ese punto, me parece, que el amor concedido es crucial.

Otra indicación de las variedades del amor, está en un texto llamado Lo siniestro (1911) donde al comentar el cuento de Hoffmann, El hombre de Arena, Freud destaca que el protagonista Nathaniel se ve reflejado en una muñeca mecanica, Olimpia, automata creado por Spalanzani. Esta dice, "no puede ser otra cosa que la materializacio de la actitud femenina de Nathaniel hacia su padre en la primera infancia", de éste modo, el amor disparatavo y compulsivo por el autómata, no es otra cosa que un reedición de amor infantil hacia su progenitor, amor - sigue diciendo Freud- que tenemos derecho a llamar narcicista, comprendiendo que su victima "se enajene del objeto real de amor". En este punto asoma una distincion entre el amor "narcicistico" y el amor destinado al objeto real, distincion que nos permite concebir un amor mas allá de la imagen de si mismo. Freud mismo declara, acto seguido, que es correcto psicologícamente que un joven fijado a su padre por el complejo de castración, sea incapaz de amar a la mujer. Este indicación verdaderamente clínica de que para acceder al amor hacia una mujer es necesario superar el amor al padre y el conflicto del complejo de castracion, es preciosa y destacada para entender algo no sólo en las obsesiones, donde la tension amorosa y de odio con el padre arruinan las relaciones con las mujeres, sino tambien en la histeria, en donde un padre idealizado impide acercarse al hombre y perturba constantemente la relacion amorosa.

El punto que resulta decisivo para situar una clase diferente de amor que el narcicista es si el sujeto puede alojar la diferencia en su partenaire y es por eso que la indicacion de Freud sobre el  complejo de castracion me parece decisiva.  En efecto, si se trata de situar la diferencia, nada como la castración para ponerla sobre la mesa, ya que este complejo tiene, entre sus multiples funciones, la de quebrar la fascinacion narcicisitica de lo mismo, de lo igual y de lo asexuado. Y esto atendiendo a las elecciones de satisfacción que el sujeto haya decidido, sea su modo de goce homo, hetero, trans, o bisexual, el partenaire debe estar situado en una diferencia para que el amor sea posible y no sea una mera repetición de un yo confundido con el mundo. Algo de lo nuevo, lo no asimilable, lo hétero pero en el sentido de lo diferente debe aparecer en el otro, para que la relación esté del lado de la vida y el amor que resulta de ella sea un amor mas allá de los limites estrechos de la propia subjetividad. Algo de lo que no es yo, debe ser alcanzado en esa pasión para que su existencia, engendre una novedad en los partenaires.

Asi interpreto, y ustedes me dirán si es correcto, esa frase decididamente enigmática de Lacan cuando en el final del Seminario XI alude a la "diferencia absoluta" producida por un análisis. Solo esto podrá hacer surgir un "un amor sin límites", un amor que trascienda sin anular la ley de la castracion para dirigirse a la vida misma en su pura diferencia. De otra manera y anticipando esta vivificante  conclusión lacaniana, ya John Donne, en el siglo XVII había afirmado no sin oscuridad poetica que "los misterios del amor  crecen en el alma/ pero el cuerpo aún es su libro"

 


                                                                                                               
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    


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