Lunes Analíticos (55)
En 1946, cuando los horrores de la Segunda Guerra Mundial no se habían atemperado todavía Jacques Lacan publicó un articulo llamado La psiquiatría inglesa y la guerra, donde rendía su homenaje y su reconocimiento a dos psiquiatras ingleses llamados Bion y Rickmann que habían aplicado a la psicología de los grupos a las experiencias de reclutamiento y seleccion de los soldados, sobre todo el ejercido con sujetos que se negaban a conformarse a la disciplina militar. No sólo destaca Lacan el uso de los conceptos freudianos de masa, identificación, lider, sino tambien que percibía allí "la impresión del milagro de los primeros freudianos: encontrar la fuerza viva de la intervención en el mismo callejón sin salida de una situación".
Este procedimiento que hace de la dificultad el motor de la accion y sin negarla, la supera dialecticamente en una intervención que deshace el problema, es - no sigue diciendo el artículo - una manera de superar el desconocimiento sistemático que constituye una resistencia para que en el grupo pueda darse cada uno un lugar en la tarea que su país le exige.
Menos que comentar el mecanismo de los grupos, me interesa indicar como afirma Lacan que, "en ningún momento de las realizaciones que proponemos como ejemplo, hemos podido olvidar la alta tradición moral de la que ellas han permanecido aquí impregnadas. En todas presidió un espíritu de simpatía por las personas (...) donde no aparece ninguna caída del respeto debido a todos los hombres." Semejante sentido de una etica social, donde el sujeto tiene el reconocimiento debido, permite conformar no sólo el esfuerzo de una sociedad toda, sino también que esto no significa aplastar al sujeto en aras de una tarea social que las circunstancias definen como necesaria.
Y aun más. Lacan destaca que se mantuvo la objecion de conciencia durante toda la guerra sin que esa concesión a los derechos personales haya influido en los resultados bélicos, sino que, por el contrario no es de la poca docilidad de donde vendrán los peligros para la sociedad, sino de una uniformización subjetiva generalizada, practicada por el superyó que tiende a colectivizar lo que no es pasible de hacerse colectivo, esto es la dignidad de la persona humana. Entonces lo destacable en el esfuerzo de la psiquiatría inglesa durante la guerra fué la de tratar a los individuos en grupo, pero no alienarlos al grupo mismo, sino considerarlos personalmente en medio de su participación grupal. Incluso tolerando de manera creativa ciertos rasgos de rebeldía contra la uniformización colectiva.
En Psicología de las Masas y Analisis del Yo, Freud ya había alertado sobre el formidable papel de desconocimiento que constituye la función de un lider que aglutina y constituye por su acción una masa. Este desconocimiento (producto de la represión en aras de un interés superior) produce no solo sujetos uniformizados en un rebaño, sino también la constitución de "enemigos" que deben, en el límite, ser destruídos. Semejante trabajo de rechazo de lo éxtimo de los sujetos, para alojarlo en un grupo externo, es uno de los fenomenos que advertimos hoy como constituyentes del racismo contemporáneo.
Las nuevas masas no están lideradas sino por lo rechazado por los sujetos. El odio que nadie gusta de reconocer en la propia subjetividad se vuelve una razón de lo asignado por estos conglomerados al otro diferente y esto justifica la agresividad que se instala sin remedio. La ambicion desmedida, el deseo de hacer daño, la envida generalizada, se van instalando en el otro, constituyendo un Otro malo cuyo caracter paranoico es sistematico y evidente. No hay tejido social que resista esta combinación siniestra de individualismo universalizado y deriva de lo malo hacia el otro. Un nuevo amo, mas terrible que los que conocimos, se avizora en el horizonte.
Al final de su Seminario XI Jacques Lacan advierte (en 1963!) sobre esta figura siniestra que se perfilaba en lo que parecía una profecía lejana. El "retorno de los dioses oscuros" alli explicado no es una metáfora social de valor dudoso sino hoy una realidad en muchos terrenos de la cultura. Los neonazismos, las formas de explotación explicita y alejada de cualquier moderación justiciera, los racismos, el odio al vecino, simplemente porque no goza como nosotros, las tremendas destrucciones sistemáticas de la naturaleza llevadas a cabo por un capitalismo cuyo rostro jamas se da a conocer, las guerras localizadas pero de exterminio sistemático, son formas de ejercicio de la pulsión de muerte que, desbocada, planea concluir con la vida en el planeta. Lo más grave, a mi juicio, es que están conducidos por un goce mortífero cuya regulación se vuelve cada día más compleja y dificil.
El psicoanálisis es en todo esto una voz pequeña pero que actúa personalmente llamando a la castracion para que emerja lo mejor del sujeto contemporáneo. Ojalá que su fuerza sea comparable a esa "voz de la razón" que Freud no vacilaba en ponderar mientras contemplaba esa vuelta de los dioses siniestros.

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