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 Lunes Analíticos


Una definición,  de Jacques Lacan en Apertura de la Sección Clínica en 1977, afirma  con simplicidad "¿Que es la clínica psicoanalítica? No es complicado, la clínica tiene una base: es lo que se dice en un psicoanálisis" , poniendo así el psicoanálisis en relación directa con el dicho y también con el decir que sustenta ese hablar del analizante. Si hay algo que me gusta del Lacan mas tardío, es esta capacidad para situar en frases apretadas lo esencial de una cuestión. Digo apretadas porque el mismo declaró alguna vez que sus dichos eran como flores japonesas, que había que poner en agua para que se abran.

Ahora bien, si la clínica psicoanalítica tiene esa base de lo dicho, se distingue radicalmente de la clínica médica donde el hablar era secundario a las acciones que el médico realizaba sobre el cuerpo enfermo: palpar, producir signos con el tacto, observar con cuidado y con tiempo, percutir los tejidos buscando siempre las señales que la enfermedad va dejando en los cuerpos. La clínica psicoanalítica, aunque posee un nombre semejante: es otra cosa, suponer el decir que articula los dichos, los enunciados con sus discordantes enunciaciones, las pausas, el silencio, las exclamaciones y los exabruptos, o sea que opera tanto con las frases más semánticamente cargadas como con las expresiones aparentemente banales; no solo con oraciones, sino con partes de ellas en las que la interpretación intenta otorgarles un sentido inesperado. Y no es las significación mas evidente lo que se intenta producir sino otras más extrañas y en el límite, la ausencia de significación para producir esos significantes fundamentales que causan, sin tener ellos sentido alguno, el decir y los dichos del analizante.

 Distinguida radicalmente de su homónima médica, la clínica analítica - sigue diciendo Lacan - consiste en acostarse, "la clínica está siempre ligada a la cama: se va a ver a alguien acostado. Y no se encontró nada mejor que hacer acostarse a aquellos que se ofrecen al psicoanálisis, con la esperanza de sacar de eso un beneficio, el cual no está previsto de antemano, hay que decirlo. Es indudable que el hombre no piensa del mismo modo acostado o de pie, aunque sólo fuera por el hecho de que en posición acostada hace muchas cosas, en particular el amor, y el amor lo arrastra a toda suerte de declaraciones. En la posición acostada, el hombre tiene la ilusión de decir algo que sea decir, es decir, que importe en lo real". De este modo, se supone que acostado, el ser humano cree decir algo que trace un surco en lo real de su vida y es desde esa suposición que el analista debe extraer las consecuencia de esos dichos.

La implicación que Lacan establece entre hablar acostado y hacer el amor, indica, me parece la profunda relaciòn del amor con el decir. Y esto esta sostenido no sólo por la transferencia, donde hablar a alguien está sostenido por el amor que establecemos con quien nos escucha, sino también porque al final del análisis, si todo va bien, se produce un nuevo amor cuyas relaciones con el biendecir de la interpretación me parecen centrales. Hablar de un modo nuevo, crea nuevos tipos de relaciones aunque sea con las mismas personas que nos rodean. Entonces no se trata solamente del decir, sino de que el analista favorezca las condiciones para que ese decir sea un decir que apunte a la falta en ser del analizante. La clínica, entonces, no concierne sólo al analizante, sino también al analista cuya función de catalizador transitorio de los decires que escuche, lo comprometen en la elección de esos dichos, y debe hacerlo según cierta elección de los significantes que deben estar situados en relación a la historia de su analizante.

Por eso al final de esta intervención encontramos estas afirmaciones: " La clínica psicoanalítica debe consistir no sólo en interrogar al análisis, sino en interrogar a los analistas, de modo que éstos hagan saber lo que su práctica tiene de azarosa, y que justifique a Freud el haber existido", señalando así lo azarosa de muchas de las intervenciones del analista, que para mí, quiere decir lo contingente que son. En este sentido, ninguna interpretación es necesaria, todas suceden por un calculo previo que sin embargo, cuando ella es adecuada, no anula su capacidad de sorpresa y de azar. Por otra parte, la justificación de Freud, alude a ser los analistas que el habría querido que fueran, no por una identificación, no por una sumisión, sino por continuar en la senda que abrió con sus decires.

En este sentido la clínica psicoanalítica, a contrapelo de la experiencia médica, solo es posible cuando no hay ningún ideal de salud en juego, cuando no se trata de reestablecer el supuesto equilibrio anterior, sino en producir un nuevo arreglo que lejos de restituir haga brillar la novedad sobre la vida de los seres hablantes.





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