Lunes Analíticos
En Sigmund Freud, existe una curiosa oscilación entre su manera de concebir el psicoanálisis como ciencia. Introducción al Narcicismo (1914) plantea que "la diferencia entre una teoría especulativa y una ciencia construida sobre la interpretación de la empiria" consiste precisamente en que las ideas fundamentales de una ciencia no pueden estar concebidas con nitidez en la medida en que se avanza en su investigación, ya que sostiene que tales ideas "no son el fundamento de la ciencia, sobre el cual descansaría todo; lo es, mas bien, la sola observación. No son en cimiento sino el remate del edificio integro y pueden sustituirse y desecharse sin perjuicio", dando así a entender que el psicoanálisis es una ciencia inductiva y decididamente empírica.
Un año mas tarde, Pulsiones y sus destinos (1915), invierte por completo este aparato epistemológico que parecía bien fundado en el texto anterior. Ahora, no se avanza desde lo empírico a lo teórico de manera clara y precisa, sino que es licito utilizar "ideas abstractas que se recogieron de alguna otra parte, no de la sola experiencia nueva". Con estos conceptos a los cuales debe concederse una oscuridad en su composición se procede a cribar el material empírico y de esa interacción constante entre dos ordenes de experiencia se aclaran progresivamente significado y alcance de esas ideas. Lo sorprendente es que Freud precisa que estos conceptos fundamentales, parecen extraídos de lo empírico "pero en realidad, le es sometido". De esta manera el psicoanálisis ya no es inductivo, sino deductivo y no se sostiene por claros fundamentos empíricos sino por hipótesis que deben ser chequeadas pero que tienen todo el derecho a estar en los fundamentos de la deducción.
Aunque ignoramos las razones profundas para este giro epistemológico, debemos indicar su sentido ajustado a la época, cosa que no escapó a Freud, ya que habla allí del ejemplo palmario de la física donde sus conceptos básicos estaban experimentando un "constante cambio de contenido". En efecto, la ciencia cambiaba su orientación. En 1905 Einstein había publicado su teoría de la relatividad especial que perfeccionaría en 1915 cuando publicaría su teoría general de la relatividad. Esta significaría un giro copernicano en la física cambiando radicalmente su paradigma y alentando la especulación, muchas veces fundada solo en la matemática y la lógica, dejando la comprobación empírica para varios años después.1915 es justamente el año del giro epistemológico de Freud, cuando comienza a pensar en el psicoanálisis como una ciencia hipotético-deductiva y todo para sostener un concepto cuya empiria estaba lejos de ser evidente, pero que sin embargo, se constituyó en uno de los fundamentos del psicoanálisis, a saber, la pulsión.
En efecto, que tiene de empírica la pulsión, concepto que como lo señaló Lacan, está construido como un cadáver exquisito surrealista, con elementos tomados de los ordenes mas diversos como puede verse en el texto al que hacíamos referencia hace unos instantes. Partiendo de la fisiología, Freud postula el carácter imperioso de estimulo de la pulsión, pero acto seguido lo diferencia, al decir que es un estimulo constante, que su empuje es ininterrumpido y continuo, que no es una fuerza de choque momentánea, sino constante puesto que "no ataca desde afuera sino desde el interior del cuerpo" y por ello "una huida de nada puede valer contra ella" y sometida al principio del placer solo la satisfacción la saciaría. Aunque no completamente, por lo que no solo es imposible escapar de una pulsión, sino que la saciedad de la misma no es conseguible jamás. Compuesta por un esfuerzo, una meta (que en todos los casos es la satisfacción), un objeto (cuya variabilidad es decisiva) y una fuente (que Freud asigna al cuerpo pero que parece situarse en zonas de vacío tales como la boca por lo cual esa asignación es, si se la piensa, poco convencional) armando con esos cuatro elementos un aparato extrañísimo cuya insaciabilidad es evidente y que sostiene deseos y satisfacciones raras y que en modo alguno pueden equipararse a las necesidades o a los estímulos.
Brotando de zonas vacías, de orificios de cuerpo, tal como las clasificó Freud en oral, anal y escopica (relativa a la mirada) y completó Lacan con la pulsión invocante (relacionada con la voz) las pulsiones causan la actividad interminable del desear y los goces mas repetitivos y constantes. Jacques Lacan puso su origen en la lengua, la que portada por el Otro que cuida al niño, lo inunda con satisfacciones poco naturales, mediadas por significantes y silencios y atrapada en una deriva interminable ya que los sentidos, una vez puestos en marcha, no se agotan jamás, mientras el cuerpo dure. Incluso Freud concibió una pulsión de muerte que es la que nos llevaría a la extinción como una satisfacción final.
Las pulsiones son lo que nos hace miembros de la especie humana, seres extravagantes que se agotan en desear y gozar y que han inventado incluso el psicoanálisis, para que esos modos de satisfacción cuando se vuelvan demasiado infinitos y repetitivos tengan la posibilidad de ser cambiados por otros ligeramente mas adecuados a la vida.

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