Lunes Analiticos
En 1930, nueve años antes de que se desatara la locura de la segunda guerra mundial donde todos los excesos iban a ser cometidos en nombre de vaya a saber qué "dioses oscuros", como afirma Lacan en el seminario de los cuatro conceptos, Freud escribió un texto, Malestar en la Cultura donde, lejos de alejarse de su experiencia como psicoanalista, la utiliza al máximo para juzgar la organizacion social y las instituciones culturales desde un ángulo que no era ajeno a sus preocupaciones clinicas precedentes.
La pregunta central de Freud es si es posible para el hombre alcanzar ese estado de felicidad al cual parece destinado y si la cultura y su enorme trabajo de transformación de una supuesta naturaleza lo conducirían a ello. En el recorrido, examina numerosas fuentes de felicidad y bienestar, desde las drogas hasta las practicas espirituales, desde el conocimiento hasta los excesos del placer y no puede hallar ninguna que, precisamente, mantenga su promesa de un estado imperecedero. Todas son transitorias, y además, terminan por hastiar o dañar el cuerpo del sujeto. La más benevolente es el conocimiento, el gozo de la ciencia o el arte, que sin embargo es para Freud una de las que menor cuota de placer proporcionan al sujeto.
El interrogante freudiano se ha transformado: ya no es si la cultura puede proporcionarnos la felicidad que anhelamos, sino si es el principio del placer, unica vía de busqueda para el sujeto, el que puede conducirnos hacia alli, toda vez que lo vemos transformarse progresivamente durante el proceso, hasta alcanzar un estado extremo de satisfacción que altera, daña, perturba y conduce al sujeto no hacia su bienestar, sino hacia su extinción. Este principio, mas que resultar inútil, sufre una mutación y se dirige hacia lo ilimitado pareciendo reconectar al sujeto con un estado originario de su percepción, aquel que Freud describió en su Proyecto de una Psicología para Neurólogos como un estado en el que todavía no había barreras suficientes para controlar la excitacion y, por lo tanto, el aparato se encontraba a punto de colapsar. Freud sitúa la salida de ese estado hipotético por la acción del Otro, que introduce por la vía de la aceptación del amor, ciertos límites a la excitacion que debe ser percibida. Esta acción de Otro, que se realiza por intermedio de un fraccionamiento de la magnitud energética, mediante la colocacion de un sistema de distribucion temporal (horarios de alimentacion, limpieza, sueño, que se van pautando progresivamente) lo que permite una distribucion del monto de excitacion y esto es lo que la hace mas tolerable. De aquí que como afirma Lacan, "todo lo que se dirige a la realidad exige no sé que temperamento, baja de tono, de lo que es hablando estrictamente la energía del placer".
La cultura, entonces, vendría a reduplicar ese esfuerzo de distribución de la magnitud de una satisfacción que es amenazante, pero en ella misma estarían los enfrentamientos irresueltos entre una satisfaccion que parece postergada por el principio del placer y un impulso a ir más allá de barrera y limitaciones para alcanzar el mas alto grado de satisfacción. No es extraño encontrar en las culturas (sobre todo en las hipertecnificadas) un movimiento hacia la satisfacción que amenaza con destruir al sujeto y sus comunidades. Que este movimiento esté alentado por el hipercapitalismo tecnológico que hoy parece expandirse sin límites y sin medida, no tiene que hacernos olvidar que ese impulso es estructural a la misma cultura. Que ésta en la medida en que se refina y perfeccióna ejerce sobre el sujeto no sólo un abandono de sus placeres inmediatos, sino que ese abandono se plantea en el sentido de una voluntad de sacrificio y culpa que no tarda en encontrar un enemigo sobre el que ejercer su satisfaccion de poder. El goce que se extrae de este movimiento resulta sobrepasador del principio del placer que parecía desde Aristóteles regular las relaciones del hombre y la naturaleza. La creación en el sujeto de esa instancia llamada por Freud, superyó, tiene como objetivo esta "superación" que se desarrolla en el sentido contrario a la vida. Hay al respecto, en Lacan, una frase que me parece de vital importancia sobre el tema. Afirma: "El deber (...) el deber no es simplemente el pensamiento del filósofo que se ocupa de justificarlo", colocando así la problemática del imperativo ético en el corazón de los sujetos.
Mas allá del llamado final de Freud en el Malestar en la Cultura acerca de su incapacidad para afirmar quien triunfaria en el combate entre Eros y Tanatos, entre las pulsiones de vida y las de muerte, combate que se planteaba ahora en el seno de esa cultura que había pretendido superarlo, lo que el analisis puede contribuir a mitigar este dramatico desanudamiento, esta descomposición de las culturas convertidas en meros escenarios para los transitorios objetos de goce, es no sólo el de ejercer su practica con responsabilidad, procurando reordenar la composicion subjetiva de quienes son atendidos por un analista, sino también intervenir en el dialogo que puede producirse en cada cultura para sugerir e impulsar medidas que reorienten la medida del placer en relacion con la vida, deteniendo aunque mas no sea transitoriamente, ese movimiento de la cultura que se encamina hacia su satisfaccion final, satisfacción que debemos entender, desgraciadamente, como su silenciosa extinción.
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