Lunes Analíticos
Vuelvo a comentar a Lacan por el sesgo de un curso de J.A. Miller Causa y Consentimiento que me parece crucial sobre todo por el puesto de avanzada colocado en lo desarrollado por Lacan en referencia a la causalidad en psicoanálisis. Como lo afirma muy bien Miller, es por la causalidad que el psicoanálisis se aproxima mas a la ciencia y se diferencia definitivamente de la hermeneútica. En efecto, el psicoanalisis no es una práctica del sentido, a pesar de que intepretemos y a pesar que el mismo analizante cree numerosas redes de sentido en su analisis, que, sin duda tienen su utilidad "terapéutica" y su capacidad para sostener a un sujeto en momentos cruciales cuando todo parece oscurecerse.
El psicoanálisis - sigue diciendo Miller en ese curso - no es una hermeneútica puesto que no ha dejado jamas de promover la categoría de la causa. Tanto Freud, con su ultima apelación a una biología especulativa, como Lacan con su introduccion temprana del sujeto en el lugar de la causa, para posteriormente asignar este papel a un objeto logificado, pero perteneciente al campo de lo real, no ha vacilado en indicar el lugar del psicoanalisis como siguiendo los pasos de las ciencias, de las duras, las que no vacilan en situar una causalidad aun cuando a veces, la disimulen en las leyes.
Me parece que es este caracter causalista del discurso analítico, el que lo vuelve decididamente odioso ante los esfuerzos humanistas de una psicología que cada vez más abandona el surco de la ciencia y se dedica a parlotear, inútilmente, por los senderos del bosque del sentido, allí donde tantos filósofos se han extraviado y han confundido la arboleda oscura y las pequeñas florecillas con loas a las profundidades del sentido y comentarios un poco pueriles sobre las pequeñeces de la existencia. Freud, por algo, tenía una posición critica con respecto a los decires filosóficos, sobre todo los de las metafisicas ocupadas en dar un plus de significación a lo que se basta con una sencilla existencia.
Lacan, supo utilizar la filosofía, hasta donde le fue posible, para disolverla finalmente en la antifilosofía, donde cualquier metafísica no es mas que un semblante inadecuado para tratar lo real, puesto que todas eluden la cuestion del goce que es anterior a la del ser, la cual no es más que una reduccion de la posición de satisfacción del sujeto.
Lo cierto es que Freud - como oportunamente tambien apunta Miller- habia establecido una doble causalidad para tratar las enfermedades mentales. Una primera escena, donde el trauma sexual se establece por fijación, una segunda donde se despiertan los recuerdos resignificando la experiencia primera y produciendo la represión y un retorno sintomático que hace evidente la fisura del aparato psiquico y la inestabilidad de su principio del placer.
De este modo, esta doble causación, además de situar con precision el momento de articulacion del padecimiento, hace también imposible acusar al psicoanálisis de un solo tipo de causalidad, ya que tanto el impulso como su defensa, en el caso de las neurosis la represión, destacan en la producción del sintoma, entendido aquí como el sufrimiento preferible a la revelación de la verdad reprimida.
Lacan, por su parte precisó una teoria de la causalidad que va desde el sujeto del inconsciente hasta el objeto de goce, para detenerse en la imposibilidad de regular de manera absoluta esa satisfacción inconsciente que vuelve una y otra vez, por distintas vías, a plantear su exigencia. Lo interesante es el caracter éxtimo de esta causalidad que se situa primero en el Otro del la lengua, dando lugar a un sujeto culpable o avegonzado, luego en los objetos de goce cuya ajenidad debe ser reconocida como propia. Justamente este el caracter de curación que el psicoanálisis puede alumbrar en el mundo, una terapeútica cuyo sentido no es la vuelta a un estado anterior, sino la producción de un nuevo estado, uno inédito, en el cual el sujeto haya convenido alguna forma de convivencia menos sufriente con sus goces.
Esto operación no sería posible sino se estuviera en relación con la demanda de quien padece, una relación que no es técnica, sino transferencial. Es por eso que el analista segun Lacan viene, al indicar el goce del sujeto sobre el cuerpo del mismo, a relevar con un elemento novedoso algo de la función que llama "sagrada" del médico antiguo, esto es su relación con el enfermo pero atravesada por la transferencia, vía instituida por el amor, cuando se sabe operar con ella, para renovar sus vinculos con la vida.

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