Lunes Analíticos
Un curso de J.A.Miller llamado Causa y consentimiento y que está fechado en 1988, plantea con toda claridad que desde el punto de vista del sujeto (y no de la estructura) lo inicial es su goce, las coordenadas de su satisfacción. Esto lo hace comentando un articulo de Freud llamado Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico (1911) donde destaca que ya en un época tan temprana, Freud señala que originalmente el aparato psíquico está interesado solamente en su autosatisfacción, en su relaciòn con un placer ambiguo que puede mencionarse como tal y también como goce. Esa doble significación que resulta enigmática en este texto, lleva - según el comentario milleriano - a que Freud deba restituir, nueve años mas tarde, un más allá del principio del placer con el cual el aparato estaría originariamente conectado. Lo que parece cronológicamente correcto, primero tenemos el principio del placer y luego el de realidad, no resulta definitivo, toda vez que la mención de un goce cuyas relaciones con la vida son, cuando menos, problemáticas, lleva a trastocar este ordenamiento que a los partidarios de la psicología del yo (y de muchas psicologías) les parece natural y armónico.
De entrada, el aparato psíquico ( o su embrión, si llamamos aparato a lo que está ya cribado por el ordenamiento significante) se muestra evitativo con la realidad y sólo un desajuste interno, que Freud sitúa en una insatisfacción pulsional constitutiva, puede llevarlo a encontrarse con la realidad que desde entonces funcionará como un tribunal que legislará ya no según los principios del placer o del displacer sino de lo verdadero y lo falso. Esta sustitución de regulaciones se hace mediante la instauración de un "sistema de marcas", de un registro que Miller no vacila en calificar de significante. Dice allí que "en esta sustitución del principio del placer por el principio de realidad esta en juego el surgimiento del lugar del Otro" y de con esta afirmación abre la puerta para concebir como lógico, el movimiento que Lacan imprime a su pensamiento a partir delos años '70.
En esos años, Lacan dará un giro fundamental, al punto que se puede pensar, a los efectos clasificatorios en un otro Lacan, el que pone en el origen no la estructura significante del Otro, sino al Uno del cuerpo y sus fenómenos de satisfacción, y en cómo, ese Uno llega a constituir un otro para salir de su soledad inicial y alienarse en los significantes que se ponen a su disposición.
Lo interesante de ese movimiento, para mi gusto, es su causa. ¿Por qué ese aparato pulsional inicial es conmovido en su autosatisfacción? Para Freud, hay algo en la pulsión que llama a esa insatisfacción, algo que no se contenta con el goce que se obtiene de la alucinación y que pone en marcha el movimiento (movimiento de fuga, en realidad) hacia comarcas donde la multitud de los objetos parecieran cumplir con su anhelo de satisfacción. Esa promesa es, desde luego, nunca cumplida: el objeto inicial, objeto radicalmente perdido por el efecto de una cuenta, no retorna jamás. Por supuesto que la publicidad inherente al consumo se jacta de reencontrarlo siempre, en un movimiento que dialécticamente, se anula a sí mismo, toda vez que parece haber encontrado los rasgos del objeto perdido. Del momento uno de la satisfacción, el tiempo introduce la cuenta y se pasa al momento dos, que es diferente del primero simplemente por su escansión y del dos, se pasa al tres y así sucesivamente nos vamos alejando de un instante en que confundimos lo absoluto con lo primero. Esto arma a la pulsión de un movimiento que sólo se detendrá con la muerte del sujeto.
Entonces, ninguna armonía preestablecida con la realidad, ningún acuerdo. Ese Uno del goce inicial buscara siempre retornar a un origen mítico donde el goce es total y eficiente. Retornara bajo las formas imaginarias del sueño, bajo las maneras esquivas de la fantasía y bajo las condiciones de una alucinación que pretende erigirse como la realidad. Hemos visto en esta simple mención los modos sintetizados de la neurosis y de la psicosis. También debemos destacar una negativa radical a consentir con el Otro, forma primitiva del autismo, donde la realidad sólo es la del goce.
En cualquier caso, claro que con distinto modo, los humanos permanecemos atados a esa fisura original, pecado que no tiene perdón alguno, cualquiera sea la forma que busquemos para liberarnos. La mas efectiva es un análisis, donde al final, somos conducidos a contemplar fugazmente, como habíamos erigidos una fantasía en el lugar de la ausencia y cómo debimos, por ello, contentarnos de manera alegre con un síntoma, un síntoma que dijera lo mas preciso que es posible decir de nosotros mismos.

Comentarios
Publicar un comentario