Lunes Analíticos
En 1973, como lo señala Miller en una nota al pie, se emite por la televisión francesa un texto de Jacques Lacan, consistente en una serie de preguntas que el va respondiendo, con su característico humor pero con una precisión desbordante. Ese texto se publicó luego con el titulo de Televisión y leyéndolo, extraigo una de sus partes, casi al final, referida a la esperanza.
La cuestión se desliza a partir de haber retomado J.A. Miller (que es el entrevistador) las tres preguntas kantianas enunciadas en la Critica de la Razón Pura, a saber, ¿Qué puedo saber?, ¿Qué debo hacer? y ¿Qué me esta permitido esperar? como resumen del interés de nuestra razón. Puestas en consideración de Lacan es interesantísimo lo que el responde a la tercera de estas cuestiones.
En efecto, Lacan responde a ella diciendo "espere lo que le plazca" lo que va a colocar a la esperanza en relación con el deseo, es decir con lo que nos lleva hacia lo que nos place, no siempre lo útil, ni mucho menos la sabiduría, ni la tranquilidad. Que la esperanza sea un producto deformado de nuestros deseos inconscientes es algo que Freud ya conocía, puesto que ya en la Interpretación de los Sueños se ve a los deseos profetizar algo del futuro bajo la forma de una mántica, que Freud despeja con su acostumbrada autoridad. Así el sueño de la inyección de Irma muestra con toda claridad, entre otras cosas, la esperanza de Freud sobre el futuro del psicoanálisis, esperanza que no es más que su deseo de triunfar sobre el mundo científico de su época, instalando la formula estrambótica de la trimetilamina, es decir, su concepto de lo inconsciente, en la explicación de los síntomas de Irma a la vez que se burla de los esfuerzos clásicos realizados por Otto. No olvidemos que Freud, en otro de sus sueños, destaca el deseo de ver- en el futuro- una placa en su domicilio que dijera "Aquí se reveló a Sigmund Freud el secreto de los sueños".
Entonces ¿Qué esperamos?, nada mas que nuestros deseos dice Lacan. Y agrega que tendrá un sentido esa pregunta si se transforma en "¿de donde espera usted?" precisión que permite situar el lugar de donde emergen los deseos al destacar su lugar de enunciación. Si usted espera algo del psicoanálisis debería ser que el "inconsciente del cual usted es sujeto pueda ser traído a luz", es decir que algo de lo que no queremos saber, nos alcance, nos perturbe, nos modifique. Y para eso es necesario un deseo decidido que no es, naturalmente, una demanda decidida puesto que el deseo es inconsciente y solo puede inferirse de los actos de un sujeto. Si un sujeto, a pesar de sus quejas y contratiempos, acude al análisis y hace el esfuerzo (fallido) de asociar, podemos decir que algo lo mueve, a diferencia de otro cuyos elogios del procedimiento contrastan con la esterilidad de sus visitas.
Lacan destaca que esta esperanza llamémosla imprecisa, esa que no declara el lugar del cual se espera, ha conducido a muchos al suicidio, en tanto el mañana es siempre un lugar equívoco si no despejamos el deseo que nos habita y si el goce que expresa nuestra acción es mas del Otro, que fálico. En el esfuerzo "esperanzado" de llegar a una meta, muchas veces acudimos al único acto que no puede fracasar, que es el suicidio. En este sentido, el "éxito" es también una palabra sumamente equivoca para el psicoanálisis y Lacan destaca un cierto fracaso es condición esencial para que un psicoanálisis se mantenga. No sólo condición en tanto que saber (un saber que se complete no sería un saber sino una ideología) sino también en tanto acto. Puesto que si el discurso no muerde algo de lo real, él se mantiene como incitación, como problema, como angustia.
Es también decisiva la apelación a una categoría de sujetos, los canallas para poner la condición de negarles el análisis. En tanto dice, con el análisis se vuelven tontos, lo que no presagia nada bueno, ya que es "una mejoría, pero sin esperanza". Aquí habría que destacar algo que se encuentra en un articulo de Juan Pablo Mollo cuando define al canalla como aquel que proclama la verdad desde el lugar del Otro para manipular sus deseos, definición que extrae del Seminario XVII, El reverso del Psicoanálisis.
Son necesarias también la transferencia, para demostrar que el sujeto está en "una manifestación sintomática del inconsciente" y dice Lacan un cierto don, con el cual juzga el acceso a las matemáticas, una requisito que supone una condición lógica del cálculo, una cierta forma de combinar simbólicamente dejando algo de lo imaginario de lado. Teniendo el cuenta la fecha de esta intervención televisiva creo que Lacan está refiriéndose aquí a un cierto rigor, del cual las matemáticas sería un ejemplo extremo.
Finalmente la respuesta a la pregunta se cierra con una afirmación contundente al afirmar que ese rigor no surge sino de la buena suerte, del azar, de la contingencia lo que hace inútil el esperarlo. El grado de azar en la creación de un analista siempre fue para Lacan un factor que no podía eliminarse y desde muy temprano, al discutir con Nacht las condiciones de formación del Instituto de París. Es que la buena suerte es otro nombre del deseo que hace de su determinación una contingencia. Llegamos a ser analistas por un movimiento que se inicia contingentemente, que no es necesario. De aquí que no haya que esperar nada, sólo confiar en la estructura y en lo que no se cuenta en ella, es decir lo singular de una elección.

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