Lunes Analíticos
Lunes Analíticos
Desde que William James estableció en su monumental Principios de Psicología (1890) que la memoria humana se divide en memoria primaria y memoria secundaria ( es decir a corto y mediano plazo) esta facultad se ha convertido en uno de los pilares de la psicología cognitiva quien, afanosamente, busca precisar cuánto y como recordamos y porqué esa función falla muchas veces en circunstancias inquietantes.
El psicoanálisis - como es costumbre- y como lo recordó Miller en su apasionante presentación de su libro Polémica Política "nuestras intervenciones van en contra del sentido común, tenemos la posibilidad de tomar al revés el sentido común o de hacer ver los axiomas del discurso del debate público", y entonces observamos que en psicoanálisis no es lo que se recuerda, sino lo que se olvida lo que nos lleva al corazón del sujeto.
En Freud, de manera constante siempre es así. La memoria vale por su fracaso, el sueño por su absurdo, las acciones por su falla, el hablar por su fragmentación, los afectos por su desplazamiento, el cuerpo por sus agujeros y la vida por su relación con la muerte. Mientras la psicología procura ser "positiva" en su consideración de los sujetos, el psicoanálisis avanza por las sendas que parecen bloqueadas, por los caminos que, aparentemente, no deberíamos tomar ya que carecen de interés o de éxito.
Justamente si hay una practica donde el éxito carece de sentido es el psicoanálisis: no estamos ahí para conducir al sujeto a su felicidad, a su bienestar o a sus buenos negocios, sino para permitirle contemplar algo de su ser de carencia, algo que le falta y también algo que tiene, de manera plena, pero que de lo que no quiere saber nada.
La memoria, para volver a ella, no es una facultad excelsa para la practica creada por Freud. Las neurosis obsesivas tienen un memoria excelente y minuciosa, pero que jamás recuerda lo que es esencial para el sujeto. Las histerias, por el contrario, destrozan de tal manera sus recuerdos que, en medio de ese batiburrillo de impresiones trozadas resulta difícil ubicar al sujeto del inconsciente. Las psicosis producen recuerdos extraordinarios y delirantes, o por el contrario viven en un eterno presente que se desmorona y es reinventado cada día. Muchos autistas recuerdan fotográficamente, con una perfección escalofriante donde no encontramos mas trazos del devenir humano en esos recuerdos. En todos los casos el humano recuerda mal, falsa y fragmentariamente, ese es su estado normal, por otra parte. Eso es lo que el psicoanálisis toma como su materia de trabajo, como la carta de presentación del ser hablante.
Poco importa aquí la psicopatología, ya que cualquier memoria es una función fallada y el sujeto debe en cada análisis, reinventarse de alguna manera que suponemos que no es ni la buena ni la mala, sino que la puede, la que quiere y la que consigue.
En este sentido olvidar tiene también su función beneficiosa. La melancolía es un recuerdo interminable y perenne que no conviene ni al psicoanálisis ni a la vida.

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