Lunes Analíticos
En 1920 Freud publicó un libro que iba, en cierta medida, a erosionar el movimiento psicoanalítico. Mas Allá del Principio del Placer, se llamaba y su tesis central consistía en que un grupo de pulsiones avanzaba en sentido contrario de la vida. Que las pulsiones de muerte, trabajaban para reducir al ser vivo a un estado inanimado. De la combinación del Eros (pulsiones de vida) y Thanatos (pulsiones de muerte) surgía el tejido abigarrado de la existencia humana, con sus contradicciones y esperanzas, con sus actos de increíble crueldad y sus signos de un amor mas allá de todo.
La tesis, desde luego, no fue comprendida. Es más, rápidamente, muchos analistas decidieron asumir su ingreso a la modernidad bajo la forma de un rechazo. No podía ser que una fuerza pulsional obrara en el sentido de dirigirse hacia la muerte y que finalmente, esta triunfara. Frente al rechazo de muchos analistas, veo, por el contrario, una decisión en Freud de otorgar a la muerte también un sentido humano. Ella está inscripta según un deseo en el sujeto, ella trabaja constantemente (de allí se se equiparara su estado al de una pulsión) y más allá de la conciencia, inscribe en los sujetos la consecuencia de ser mortales, pero desde un ángulo que no convierte a la muerte humana en algo "natural" sino que, como muchas categorías de lo viviente, se ve subvertida por rasgos particularísimos.
Freud mismo lo dice en su texto cuando se pregunta si no habrá además de las pulsiones sexuales otras que pretendan reestablecer un estado anterior y responde en el mismo capitulo del texto, apuntando que "la diferencia entre el placer de satisfacción hallado y el pretendido engendra el factor pulsionante" al cual con palabras de Goethe en Fausto destaca como que "acicatea, indomeñado, siempre hacia adelante". Lo interesante del razonamiento es que Freud consideró que esta avance producía un bucle en la existencia y finalmente se volvía, al origen, a lo inanimado. Esta verdadera torsión topológica inauguraba, en cierta forma, un modo de pensamiento que no se contentaría con lo plano y debería considerar formas diferentes de movimientos subjetivos que vinieran a trastocar el espacio. Desde luego, Freud no conocía la topología, pero Lacan sí. Y su lectura permitió subvertir el espacio psicoanalítico creando una imaginarizacion discordante con el espacio newtoniano que había nutrido las reflexiones de Freud.
Lo interesante de los planteos lacanianos es que reestablecen la unidad de las pulsiones. Según el Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, no se necesitan dos tipos de pulsiones, sino uno solo. La pulsion en su recorrido desarrolla la vida, pero su fin es la muerte. Como lo dice bellamente Lacan, recordando una fragmento de Heráclito "Al arco se le dio el nombre de vida - Bíos y su obra es la muerte" indicando que la imagen que tendría la pulsion sería de un tiro al arco, donde la meta sería el goce cuya relación con la muerte es muy precisa.
"¿Por qué asombrarse de que su termino ultimo sea la muerte, cuando la presencia del sexo en el ser vivo está ligado a ella?" dice en este párrafo Lacan, indicando que el artificio pulsional está situado en relaciòn a la conclusión de la vida que, como una meta, absorbe incesantemente todo lo que el sujeto humano va realizando. La pulsion se mueve en un circuito alrededor de un objeto que no es mas que un vacío, un vacío que es la perdida del objeto primordial, objeto de goce, cuya existencia no puede igualársela a la del alimento (en la pulsion oral) ya que afirma Lacan "no hay alimento alguno que satisfaga a la pulsion oral, a no ser contorneando el objeto eternamente faltante". Así en un solo y mismo movimiento la pulsion construye la vida cuyo fin es la muerte.
Freud mismo había visto esta relación cuando afirmaba, hacia el final de su articulo, que "trabajamos ahí con una ecuación de dos incógnitas", al observar la profunda ligazón de la sexualidad con las pulsiones de muerte y al plantear que también las pulsiones sexuales repetirían, por lo cual no serían tan distintas de la pulsiones de muerte. Pero solo podía dar la prueba de esa afirmación a través de un mito, el que Platón hace desarrollar a Aristófanes en el Banquete, donde se dice que el hombre era originalmente un ser con los dos sexos y que Zeus al dividirlo hizo que cada mitad buscara su parte faltante en el otro sexo. La pulsiones sexuales buscarían entonces repetir una unidad mítica y en este sentido serían análogas a las de muerte que tratarían de volver a un estado anterior, es decir la ausencia de toda vida. Semejante reflexión hace a Freud detenerse, interrumpiendo su discurrir como si notara haber llegado demasiado lejos. Sin embargo no me parece banal que el símil "una ecuación con dos incógnitas" haya sido colocado por Freud en este punto, para señalar, diríamos hoy, que sólo la utilización de una lógica matemática podría quizás arrojar mas luz sobre el endiablado asunto de la vida pulsional, sus características y sus modos.
Jacques Lacan, utilizó esa lógica y llegó a la conclusión que el movimiento pulsional no era más que un recuerdo de lo que lalengua hizo al cuerpo al agitarlo, tranquilizarlo y, en definitiva, transformarlo en un receptáculo activo de esas satisfacciones no naturales, de ese goce que nos transporta a través de la vida y que no debe ser ignorado a fin de que ese movimiento tenga nuestro consentimiento, rasgo de libertad preciso que compete a nuestro ser de hablantes.

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