Lunes Analíticos
¿Qué decir de la interpretación analítica? Es como pensaba Lacan en época muy temprana una mántica, es decir una especie de adivinación que se constituye como un relámpago despejando las oscuridades sintomáticas del sujeto?
En cierto modo, Lacan lo pensó así porque le hartaba esa forma argumentativa (y obsesiva) que usaban los analistas de su época, esa manera casi burocrática que "comunicar" los contenidos del inconsciente haciendo de analista un funcionario bien pago, cuyo trabajo se encuentra perfectamente reglado y que sólo encuentra la rutina en cada una de sus intervenciones. Por el contrario lo que Lacan quería es hacer de la interpretación algo inolvidable, para ello, en sus primeros tiempos dotó a este recurso de una contingencia ineludible. Por qué contingencia? Porque, en primer lugar, nada hace necesaria a la interpretación, existe para ella una libertad absoluta del lado del analista; en segundo, su contenido es mínimo, quiere decir que no son muchas palabras, sino las decisivas. En tercer lugar, pero no menos importante, quien refrenda y constituye una interpretación es, verdaderamente, el analizante. Es él quien al responder como decía Freud, con una serie de asociaciones, quien hace de un decir del analista una interpretación de su inconsciente.
A lo largo de su obra, Lacan, va señalando diversas concepciones de la interpretación. En su escrito La Dirección de la Cura y los Principios de su poder (1958) se encuentra esa frase famosa que habla de recobrar para la interpretación ese "horizonte deshabitado del ser para desplegar su virtud alusiva", donde la alusión se constituye como vía de la operación analítica. Aludir, es decir de costado, referir sin indicar que es lo referido, hablar como al pasar indicando sin embargo un lugar del discurso al cual el analizante tendría que dedicarse a explorar.
En el Seminario XI destaca que la interpretación "no está abierta a todos los sentidos", ya que no se trata en ella de señalar un sentido, sino de hacer surgir un significante primordial, insensato, al cual el sujeto está subordinado, algo que mas adelante se llamará significante amo, que es el que engendra en su combinatoria con otros significantes la multitud de sentidos que nos atormentan. Aquí aparece ya la idea que no es una producción de sentido lo que nos vuelve felices, sino mas bien su reducción aproximándonos mas al acto que al sentido.
Luego, en 1969 se encuentra esa asombrosa definición de la interpretación como la de un "saber en tanto que verdad". Verdad del inconsciente, que se sitúa entre el enigma y la cita, y a la que la interpretación vendría a proponer una conjetura que alcanzaría (aunque sea parcialmente) su sentido. Sin embargo, nuevamente se encuentra en estos años la idea que la interpretación no es un mas de sentido, sino mas bien una forma de ponerle limites por medio del saber.
En el Atolondradicho, texto de 1972, sitúa la interpretación en relación al equivoco, equivoco que se localiza según tres direcciones que son la homofonía, la gramática y la lógica. En relación a la homofonía se indica lo arbitrario del sentido, en tanto cualquier trozo de la lengua puede significar cualquier cosa y por lo tanto ningún sentido es necesario. En lo referente a lo gramatical se indica la interpretación como lo que limita el sentido, ya que la gramática es el conjunto de reglas hechas para escribir o expresarse correctamente. Finalmente, la lógica viene a indicar las contradicciones propias de cualquier discurso que se exprese sometido a la asociación libre.
Entonces, lo que vemos, es que la interpretación analítica lejos de arrojarnos en nuevos y mas complejos sentidos de la vida, los reduce. Y, por el contrario, nos estimula al acto, a producir decisiones que cambien nuestra posición subjetiva. Lacan vio con claridad que aumentar lo sentidos no mejora el obrar humano, sino que lo entorpece. Es lo que desde siempre se conoció como obsesión, es decir, enmarañarse en la producción de sentidos y significaciones mientras nuestras vidas se extinguen en la inmovilidad mas absoluta.
Como lo ha subrayado J.A. Miller, la interpretación analítica es contraria la interpretación que el inconsciente realiza sin cesar, ya que no propicia la expansión de los sentidos, sino mas bien un obrar sin garantía, una acción que deja al sujeto en otro lugar, después de realizarla, una palabra que decide una vida más que pensarla.

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