Lunes Analíticos
Aunque no exclusivamente, las fobias, sin embargo han estampado el mapa del psicoanálisis clínico de multitud de animales, a los cuales se teme o se tiene asco, que se presumen peligrosos o por el contrario repugnantes, que trepan, reptan, cocean o muerden al sujeto quien conmocionado, no puede mas que constituirlos en síntoma, en monumento viviente que se alza sobre las colinas de su goce, quizás para detenerlo, quizás para otorgarle alguna significación.
Las fobias, que para Freud, integraban el lugar de las neurosis de transferencia, como una variante de la histeria, han cambiado, con el tiempo de ubicación: desde Lacan se consideran mas bien momentos de la constitución subjetiva, mas que una patología determinada. Como lo dice en Direccion de la Cura y los Principios de su poder, el objeto fóbico es "un significante para todo uso para suplir la falta en el Otro" y en este punto se constituye en una pieza móvil, un verdadero eje donde gira el armado del sujeto. Ya que la cuestión mas dificil de resolver en la infancia, es creo, esa aparición de la castración bajo la forma de la castración en el Otro, o, si quieren una formulación menos abstracta se puede decir también la falta en la madre.
Al respecto, tenemos en Freud una pequeña pero luminosa declaración en un texto de 1923, llamado La organización genital infantil, donde hacia al final, y como al pasar, afirma que para el niño solo las personas depreciables del sexo femenino están castradas "pero las personas respetables, como su madre siguen conservando el pene". Es decir, es al Otro al que el sujeto neurótico protege hasta el final y en este sentido es que puede elaborarse una fobia como parapeto contra esa horrible verdad. Hay que decir que Freud al afirmar esto está hablando del niño, de las fantasías del pequeño varón, no de las niñas para quienes la castración se presenta de manera diferente.
No defender mas la completud del otro, significa, en buena lógica, apostar por cierta consistencia del mismo, al menos imaginaria. Que haya otro, es pues, una consecuencia de haber aceptado (aunque sea a regañadientes como todo neurótico) que el Otro está afectado de una falta y que jamás encontraremos una respuesta a nuestra existencia en sucesivas y fatigantes interrogaciones destinadas a su lugar. En verdad, es dificil pensar que hay una respuesta a nuestra existencia, lo que equivaldría a considerarla a la misma una pregunta. Pero para quienes la provocaron (es decir nuestros padres) nuestro nacimiento funcionó como una respuesta a su existencia. De allí que como neuróticos oscilemos continuamente entre edificar un monumento a sus personas o criticarlos furiosamente sin advertir que en los dos casos, no hacemos mas que eternizarlos como Otros y como fundamento. Mas vale la compañía de una fobia que la soledad del deseo, aunque esa compañía traiga a veces desagradables consecuencias.
Otra indicación de Lacan que me parece muy interesante es la que encontramos en un texto de 1960 y es la que da a la fobia la característica de "arma contra la amenaza de la desaparición del deseo", esto es que la fobia mantiene su parentesco estructural con las neurosis (aun cuando no constituya un cuadro especifico) sino ese momento de comprensión en el cual de como se decida la respuesta un objeto terminará siendo una condición absoluta para el deseo (perversión) o por el contrario será su causa tal como lo plantean las neurosis. Las fobias recuerdan que el objeto del deseo existe y que por lo tanto, resolver su estatuto es una cuestión primordial. Es mas interesante pensar la infancia como un problema a resolver que como un estado maravilloso donde deberíamos permanecer para siempre.
En el zoológico imaginario de las fobias, donde el Pequeño Hans (Juanito) se encuentra como cuidador y guía de ese complicado recorrido los animales pululan y hacen un ruido infernal. Pero al menos evocan el ruido del deseo luchando en vano por alcanzar su efímero objeto y no el silencio atronador de las pulsiones donde la muerte siempre está presente y cercana.

Comentarios
Publicar un comentario