Lunes Analíticos
Hay un poeta inglés (aunque había nacido en St.Louis, Missouri, en 1888) que no impresiona mucho a los analistas (aunque sí impresionó a Lacan, que lo comentó inteligentemente en Función y Campo de la Palabra en 1953), llamado Thomas Stern Eliot el cual escribió un libro llamado Old Possum's Book of Practical Cats (1939) donde bajo la apariencia de un libro de poemas para niños se permite decir algunas cosas interesantísimas para un psicoanalista, como su reflexión sobre los nombres de los gatos. Afirma Eliot que un gato posee tres nombres distintos, primero, el que le dan los humanos "todos nombres sensatos, normales, cotidianos", luego, hay un nombre que es propio del gato, personal digamos, y así dice :"¿Os gusta Munkustrap, Quaxo o Coricopato?
¿Qué tal Bombalurina, o quizá Jellylorum?", advirtiéndonos que son nombres que ningún gato repite. Pero, finalmente, existe un tercer nombre, "el nombre inviolado que a nadie se dirá,
un nombre irreductible al esfuerzo del hombre", el nombre único, en el cual el gato se extasía - cuando lo vemos inmóvil - en contemplarlo.
Lo que nos llama la atención, es esa pluralización de los nombres que Eliot realiza y que, nos parece, responde a una pluralización de los registros. Así el nombre dado por el otro, en un gesto familiar, se ubicaría en lo imaginario, toda vez que allí, nos nominamos mas bien por referencia a una imagen nuestra, que no siempre da la realidad de nuestro ser.
El segundo nombre, es también dado por el Otro (esta vez con mayúscula, según la grafía lacaniana). Es un nombre simbólico, que se inscribe, como tal, en sucesión de nombres emanados de la lengua, todos arbitrarios, pero una vez que se engendraron para nombrar a un sujeto, permanecen como referentes ciegos de él mismo y son intraducibles.
El tercero de los nombres, el " inefable, sublime archinotable profundo singular inescrutable Nombre" (como concluye Eliot) no puede ser otro que fue denominado como nombre de goce, como una forma de mencionar la acción de satisfacción que cada ser hablante, ejerce, sin saberlo, sobre su cuerpo.
En los casos de Freud y en los de muchos analistas aparece ese nombre al final de una experiencia o cuando se comunica un caso. Tal sucede con el hombre de las ratas o el hombre de los sesos frescos.
Como afirma J.A. Miller este nombre sería un ultimo y equivoco intento de nombrar "el eco del decir sobre el cuerpo", o sea la pulsion freudiana, pero reducida a ser por detrás, una cosa de la que hablamos pero no responde. Y como dice irónicamente Miller, "mejor que no responda, porque si respondiera sería magia sin mas". Este silencio primordial, es un silencio de satisfacción, al cual intenta el nombre de goce, el tercero de los nombres de Eliot, de bordearlo simbólicamente, sin conseguirlo de manera definitiva.
Así, pues, lo que imaginábamos unos poemas para niños (así fue presentado, como un regalo para los ahijados del poeta) se nos revela como la puerta de entrada a un mundo donde el psicoanálisis intenta decir algo no de manera poética, sino mas cercana al decir científico. Aunque es cierto que esa manera también fracasa y por eso aunque estudiemos toda la vida nunca agotaremos lo que puede elaborarse de ese discurso.
De paso anotemos que desde los egipcios que los consideraban dioses, pasando por el medioevo que los asignaba al demonio hasta llegar a la actualidad, donde siguen ejerciendo una fascinación sorprendente, los gatos, sin saberlo y mientras piensan en su nombre único, siguen dando que hablar a los humanos y en esa medida, son una buena metáfora para el real que nos habita.
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