Lunes Analíticos
En una carta a su madre, de Kurt Godel que publicara Vicente Palomera en su excelente artículo Diálogos en el Mas Allá en la Revista Freudiana N°2 encontramos una serie de cuestiones que desbordan la lógica matemática y se sitúan en el terreno de la fe, la cual para los científicos no es tan ajena como pareciera.
Escribe Godel: "Pero ¿tenemos algún fundamento para suponer que el mundo esta organizado conforme a la razón? Así lo creo yo. Ya que éste no es ni caótico ni arbitrario, sino que, por el contrario, reina en todas las cosas, como lo muestra la ciencia, la regularidad y el orden más grandes. El orden es una forma de racionalidad". Esta confesión que constituye la fe del científico, cualquiera sea su orientación religiosa, es lo que permite deducir leyes y producir construcciones plenas de sentido. Es lo que hace que el científico se dirija hacia lo real, con la convicción de que obtendrá el él una respuesta, articulable y casi siempre, precisa. Y, en el caso de que lo real, calle, poder ajustar una teoría que de las razones de semejante silencio.
Pero enseguida nos damos cuenta que lo que hemos proferido como verdades científicas sólo se producen porque hablamos, porque al estar sometidos a la lengua, imaginamos que la naturaleza también lo está y, como tal, ansiamos escuchar sus respuestas nuestras (a veces) enloquecidas interrogaciones. Como bien lo afirmó Lacan, lo real propiamente hablando es mudo y sólo nuestra pasión parlante es la que ha hecho de la naturaleza un cosmos y aún más, una obra que cantaría las glorias de su creador.
Puesto que rápidamente imaginamos que hay un creador y rápidamente también, lo concebimos como pura racionalidad, eso concede una seguridad en nuestras investigaciones que tranquilizan y estimulan al científico mas explícitamente ateo tanto como al puramente religioso. Ya que la religiosidad de la que se habla aquí no es necesariamente la de una confesión religiosa, sino la que sostiene el orden del mundo.
Continúa Godel: "¿Como se puede pensar la otra vida? Sobre esto hay, naturalmente, suposiciones; pero es interesante que sea precisamente la Ciencia moderna quien las afiance. Ya que esta muestra que nuestro mundo, con todas las estrellas y planetas que el se encentran ha tenido un comienzo, y con toda probabilidad tendrá un final. Pero, entonces, ¿por que solo debería haber este mundo? y, dado que un día nos encontramos en este mundo sin saber como ni de donde viene, la misma cosa puede, del mismo modo, repetirse en otro mundo."
Es notable, que del final del mundo, Godel considere la creación de otro, como una forma de sostener la vida en todas sus dimensiones. Es notable, pero a la vez, extraño, puesto que la ultima justificación de esa creación eterna no sería mas que el capricho de un dios, la enorme voluntad de un Otro en el cual su querer se impondría a su racionalidad. Y, en efecto, este fue el Otro al cual Godel estuvo sujeto hasta el final de sus días, sin que ese sojuzgamiento le impidiera darnos uno de los teoremas que sostienen toda la lógica moderna al sentar los limites del método axiomático.
Que ese límite hiciera a Godel en su fuero intimo concebir un Otro que pudiera, con su voluntad, saltearlo, no es desde luego, la solución analítica, que se sitúa en no cierre del sujeto de la ciencia, en su imposibilidad de ser suturado por una solución científica. O, como dice Lacan: "el sujeto en cuestión sigue siendo el correlato de la ciencia, correlato antinómico, puesto que la ciencia se muestra definida por el no-éxito del esfuerzo por suturarlo". En otras palabras, es el sujeto humano el que mantiene abierta la pregunta de la ciencia y es el el que delira aportando respuestas que se muestran impotentes para cerrar la herida abierta por la lengua en el sujeto, para eliminar lo que Freud llamó la castración, es decir eso que hace que los humanos sean, como dijo hace ya muchos años un poeta. "las heridas,/eternamente abiertas y frescas del universo"

Comentarios
Publicar un comentario