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 Lunes Analíticos

En un poema de Maisi Colombo, estupenda escritora tucumana de mi generación, leemos como al pasar "reconcíliate con ser mujer/perdónale al amor ser un gigante enfermo/resígnate a que los músicos/los poetas/los pintores y hasta los rabdomantes/toman vacaciones/pliégate a ellos/sabiendo que no sos la única persona/ que no duerme de noche" he inmediatamente comprendemos como un poema puede servir al sujeto, cómo puede desalojarlo de su yo, horrible construcción imaginaria (es decir, construida con imágenes) que no dice la verdad sobre su ser, que engaña y conforta falsamente y por poco tiempo.
En efecto, no ser el único es el primer paso de un psicoanálisis que desarma los prestigios imaginarios del padecimiento. Llevar al sujeto a considerarse entre la "miseria común" como decía Freud, es el punto de viraje donde un psicoanálisis se pone serio, es decir, intenta colocar al analizante en una serie y, a la vez, coloca al Otro como hacedor de su persona.
Pero no se detiene todo allí y si algo podemos reprocharle a algunos análisis, es confiar en que un desmantelamiento del narcisismo es suficiente para transformar al sujeto.
Nada de eso. Aceptar la presencia del Otro en nuestras vidas es un paso clave, decisivo, pero no terminal. Puesto que el análisis confía su poder transformador no a la fascinación por el amor, sino a un cierto despojamiento, unido a una convicción final: nuestra mortalidad esta articulada a nuestro goce, nuestras satisfacciones inconsciente son irrenunciables salvo cuando nos separemos de nuestro cuerpo y ni así, si tenemos gusto por esos relatos de fantasmas donde el aparecido no es más que un desplazamiento del goce del viviente que contempla espantado la escena que imagina.
Entonces, para terminar un análisis, hay que aceptar el goce por encima del Otro, que se esfuma como determinante de nuestra vida. El goce es nuestra responsabilidad, de eso no podemos huir. Además la extinción del Otro, deja intacto a los otros, los vivientes que nos rodean, los cuales, a veces son vistos por primera vez por un sujeto al terminar su análisis y con los cuales nuestra responsabilidad es también manifiesta.
Ahí si, si todo ha ido bien, se manifiesta el famoso "nuevo amor" dicho por Jacques Lacan en su Seminario XI y reiterado bajo una formula nueva en el Seminario XX, bajo el sintagma de que "solo el amor permite al goce condescender al deseo".
Lo nuevo de este amor es para mi y para mis lecturas hasta el presente, que a diferencia del anterior, el "viejo", el que estaba demasiado fundado en el narcicismo, éste amor no ama al otro como un ideal, sino como una ex-sistencia, un hacerse ser afuera de uno mismo, que este amor es momentáneo y fulgurante, quiero decir que no es un amor que se eterniza sino que adquiere los contornos del tiempo de una relación y finalmente, que este amor prefiere terminar antes que transformarse en odio, destino que - Lacan también nos lo advirtió - es casi inevitable en todos los grandes amores.
Como afirmaba Germán Garcia, "se cree todo, y cuando se deja de amar uno se pregunta como podía creer todo eso" para indicar el papel de referente del objeto amado. Para no volvernos unos incrédulos absolutos, no se trataría de amar al Amor, porque ese sentimiento así, con mayúsculas, no existe. Hay amores en singular y todos tienen sus características. Por eso hay que saber dejar de amar sin perder el gusto por hacerlo, sin volverse un herido mortalmente por esa pérdida.


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