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 Lunes Analíticos

El 22 de agosto de 1938 escribe Freud en "Conclusiones, ideas, problemas", "Mística, la oscura percepción de si del reino que esta fuera del yo, del ello" y esta afirmación nos resultaría ininteligible si entendemos el ello como una parte del aparato psíquico, como una zona que debe ser superada por la madurez y no como un lugar Otro, como dice Freud, "un reino" es decir una comarca con sus leyes, su moneda y su soberano, a la manera de los reinos clásicos.
Ese país era, sin duda, para Freud, uno de los descubrimientos mas importantes. En el corazón del ser, en su núcleo mas intimo, habita un Otro que nos hace ajenos a la identidad que el yo proporciona y nos sume en un desconcierto cuando habla, a través de lo que en la doctrina freudiana es llamado el inconsciente, porque su idioma es ininteligible en primera instancia y luego, ya traducido, decididamente imperioso.
Que allí se enlace el abismal registro de la mística, expresa, sin embargo, una lógica implacable en la medida en que ese Otro que nos constituye tan íntimamente, no es mas que una petición de principio: ese Otro no existe y sin embargo, nuestra vida lo postula de manera decidida, acaso porque el Uno que somos se considera solitario, o mejor aún porque no puede entenderse como causa de sí mismo. Para no ponerme demasiado complejo diré simplemente que la mística es postular una satisfacción desconocida que no se reduce a la satisfacción fálica.
Angelus Silesius, místico polaco, decía por ejemplo: "quién ha escogido el centro por morada, ve de una ojeada lo que está en la periferia", para señalar lo extraño de su arrobamiento.
Mas contundente Santa Teresa de Ávila, refiriéndose a la experiencia mística señala que "no es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento"
Lejos de considerar locura estas afirmaciones, Jacques Lacan, las ha comentado en su seminario XX afirmando que "a pesar no diré de su falo, sino de lo que a guisa de falo les estorba, sienten, vislumbran la idea de que debe de haber un goce que esté mas allá. Eso se llama un místico".
El goce de los místicos no es una banalidad, ni un asunto psiquiátrico, añade Lacan, sino una forma de comprobar que "ese goce que se siente y del que nada se sabe" nos lleva algo que existe, a una forma de satisfacción que debemos relacionar con el goce femenino. Así a lo que nos lleva estas reflexiones es a considerar la existencia de Dios como una creación del goce femenino que postula un Otro con el cual gozar mas allá de la dimensión fálica.
En fin, no estaba muy errado Freud cuando llamaba a ese goce, ello, para indicar su carácter impersonal, no yoico, alejado de los signos de la identidad mas precisa. Lo que no podía prever es que años mas tarde, un francés, retomaría la tradición de la mística para insertar allí a un dios, que no había muerto, sino que se había vuelto inconsciente.
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