Lunes Analíticos
Cuando nos acercamos al mapa de los que ha sido llamado (algo cómicamente para un psicoanalista) "enfermedades mentales", siempre existen las bellas almas que, neuróticas ellas, gimen ante las psicosis. El sentido tan sentidas lágrimas se encuentra, claro está, en lo que llaman "la perdida de la realidad" de las psicosis con lo cual estas se encontrarían sumidas en el desconcierto y la errancia mas absoluta. Que algunas de estas posiciones sean sintomáticas no discute lo que voy a afirmar, ya que, salvo notorias excepciones, los seres humanos sometidos a la lengua solemos transitar por esas dos posiciones, alguna vez, cualquiera sea nuestro diagnóstico.
Lo que quiero destacar es que Freud, en el artículo que llama "La perdida de la realidad en las neurosis y psicosis" (1924) destaca que tanto una como la otra se extravían de lo que sería la realidad. Es justo que un lector desapasionado se pregunte, entonces, que sería la tal llamada "realidad" si unos la eluden por medio de una apelación a lo real cuasi directa, y otros utilizando un aparatito que se llama fantasma y que no es más que una ventanita conformada por nuestros deseos y nuestros goces, por la cual miramos (parcialmente, desde luego) lo que llamamos pomposamente "realidad" y que no es mas que un jirón de nuestra condición de sujetos sostenido trabajosamente por una afirmación simbólica y numerosas imágenes que parecen probarla.
Lo cierto es que, hablando de los psicóticos, Lacan afirmó en una de sus conferencias en los EEUU (en la universidad de Yale, el 24 de noviembre de 1975, para ser mas exactos) que "la psicosis es un ensayo de rigor", destacando que los lógicos y los geómetras y él mismo, incluso, serían psicóticos en tanto tratan de ser rigurosos.
Antes de menear la cabeza y calificar de "broma" (boutade diría algún afrancesado lacaniano) la afirmación lacaniana, considerémosla como una verdad que toca algo de lo real, es decir, que una investigación cuando es rigurosa, tiende siempre, aun cuando quien la enuncia es un neurótico, a conducirnos a un abismo: el que se abre entre nuestras representaciones y lo real, el que se sostiene como un imposibilidad entre nuestras formulas y el fracaso experimental. No es raro que ante ese precipicio varios hayan cedido a la tentación de lanzarse, aún cuando debemos celebrar que otros no lo hicieron y trataron de comunicarnos su ciencia o su arte, con las limitaciones propias del caso.
Así que la psicosis (que no es ni para celebrar ni para lamentar) abre una vía a lo real que vale la pena estudiar (así lo consideró Freud) y también que esa investigación cuando se hace con el cuidado y el respeto necesarios, conduce a establecer para el sujeto psicótico otras condiciones de su goce, que le permiten vivir una vida menos sufriente. Asimismo las llamadas psicosis ordinarias pueden, mediante un análisis, encontrar las formas de evitar el desencadenamiento o la degradación subjetiva.
Por convendría volver a lo que afirmé al principio acerca de la comicidad de llamar enfermedades y "mentales" a estos modos de existencia y asegurar ahora que las enseñanzas que valen llegan siempre de los lugares mas inesperados (no siempre de nuestra maestra de tercer grado, por ejemplo) y también de quienes han sido temidos, despreciados y clasificados: los locos, aquellos que se han atrevido a asumir una pasión por lo real, a diferencia de quienes nos hemos conformado con lo simbólico y sus vericuetos imaginarios.

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