Lunes Analíticos
Leo en un trabajo de Sigmund Freud, "Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas" de 1893 que "la lesión de las parálisis histéricas debe ser por completo independiente de la anatomía del sistema nervioso" y pienso en la genialidad de Freud al seguir insistiendo en la existencia de una lesión cuando la psiquiatría de la época había decidido enviar al cajón de las "simulaciones", "la mala fe" o el "engaño" a la sintomatología histérica, convencida como estaba del carácter femenino de esta neurosis y, por lo tanto, de su proximidad con la seducción y los melifluos desvaríos del deseo. Párrafo aparte merece la consideración de una practica medica decididamente machista, donde una mujer no podía ser considerada en su singularidad, donde su cuerpo no podía considerarse como un mensaje, sino que debía ser alineado entre los objetos de deseo masculino o las generalidades de la corporalidad asexuada.
Lo cierto es que Freud insiste. Y para mí, esa insistencia deviene de considerar lo real de la lesión en juego, que poco importa que fuera biológico o no, la lesión está allí, el exceso de goce perturba el organismo, lo transforma en una carne capaz de transmitir un mensaje o en sostener una satisfacción ignorada.
Esta dignidad considerada en el cuerpo de la mujer, debería ser atendida con mayor frecuencia por quienes tienden a arrumbar a Freud en el cajón de los recuerdos del siglo XIX y por quienes leen a gran velocidad sus reflexiones sobre el falo o la sexualidad femenina para concluir que es mas elegante haber escapado de Viena para pasearnos ahora por las callecitas del mas fino París.
Y sin embargo, de París, justamente, viene la sorpresa. Porque Jacques Lacan un lector de Freud como no hay otro, no sólo considera la histeria el núcleo de las neurosis, sino que eleva su categoría hasta convertirla en uno de los cuatro discursos que organizan el mundo y a colocarlo mas cercano al psicoanálisis que los discursos del amo y del universitario.
Ustedes dirán que la histeria no es lo femenino, que hay histéricos hombres y que dónde esta la dignidad de una lesión que al fin y al cabo es una disfunción de la normalidad del cuerpo?
Es que para acceder a lo femenino no tenemos otra vía que pasar por el discurso de la histeria en un análisis ( y esto vale tanto para mujeres, para hombres, para cualquier variante de las posiciones sexuadas de nuestra época), que es una suerte que un hombre pueda acceder a una posición femenina (aun cuando sea temporalmente) y que la lesión no es pasajera o discordante con la normalidad, ella es nuestra normalidad, es un efecto de la lengua sobre nuestro cuerpo, es lo que nos hace existir y nos mueve, es lo que Lacan llamó sinthome y que agita nuestra carne pero también la pacifica cuando está correctamente situado.

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