Lunes Analíticos
En una entrevista en Playboy del año 1977, Roland Barthes afirma que "si yo hubiera dicho o escrito "El sentimiento amoroso", habría sido un poco mas serio, porque se habría aludido a algo importante en la psicología del siglo XIX. Pero la palabra "amar" es manejada por todo el mundo, está en todas las canciones para rimar con "sin cesar", como todo el mundo sabe. Entonces , evidentemente hablar del amor de esta manera no es una cosa seria" para agregar "el amor está pasado de moda en los medios intelectuales" indicando que había escrito "Fragmentos de un discurso amoroso" como un medio de comprobar si había en el mundo mas "enamorados" de los que se podía ver.
Evidentemente, a cuarenta años de esa entrevista no creemos que las cosas hayan cambiado demasiado. Quizás, si nos ponemos pesimistas, afirmaríamos incluso que han empeorado.
Ya que mas allá, de las canciones populares que siguen repitiendo el mismo estribillo, la experiencia del amor no es algo sobre lo que se escriba o se piense mucho hoy.
Freud, cuyo pragmatismo era evidente, y cuya teoría del amor encierra al mismo en los muros de la recuperación narcicistica, sin embargo y tardíamente, en 1930, espera todavía que el Eros eterno "haga un esfuerzo para afianzarse en la lucha contra su enemigo igualmente inmortal". Poco creyente en el amor universal que preconiza el cristianismo, Freud, apostaba mas bien por una posición subjetiva mas realista, donde el conocimiento del otro significara la posibilidad de amarlo mas allá de las abstracciones ideológicas.
En Lacan, de otra manera, encontramos una reconsideración del amor, pero mas bien es de lo que denomina "un nuevo amor" al final de su Seminario XI, una consecuencia que habita en un mas allá de un psicoanálisis, y luego, varios años mas adelante, está el amor como insistencia, como un todavía que no cesa de escribirse y que, a despecho del goce que exige su satisfacción y del deseo que la posterga para seguir avanzando, el amor es una consecuencia (en los casos de fortuna) de una operación que no tiene nada de amoroso y que se denomina la castración. Sólo el límite (ese límite que el amor permite ilusoria y momentáneamente transgredir) hace posible amar de verdad y si hacemos desaparecer esa barrera, como parece hacerlo el capitalismo moderno, lo que queda es un desierto habitado por un goce destructivo y
desolador.
Y los amantes que se suicidan? y las mujeres que languidecen lejos de cualquier amor? y los hombres que se vuelven hoscos ante el rechazo y hieren y aun matan? y los amantes que sufren por separarse y sufren (aun mas quizás) por estar juntos?
Son posibilidades, es cierto. Pero obsérvese que son posibilidades que surgen cuando algo de si mismo se cruza en el camino de la pasión, cuando un deseo de muerte habita el corazón, cuando el amor a sí mismo se interpone como una coraza y cuando agitamos como amor algo que no resiste ese nombre.
Lo interesante es que el amor, aún cuando fracase (que es lo que suele suceder) en sus mejores versiones sostiene al ser hablante en esa posición, es decir, lo hace hablar y callar, lo hace sentir y olvidar, lo hace escribir y también obrar y cuando está habitado por un deseo, lo hace recomenzar una y otra vez en su tarea de habitar este imposible mundo que es el mundo de los seres humanos.

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