Lunes Analíticos
Que es un cuerpo? La pregunta no resulta ociosa toda vez que siempre está latente ante cualquier enfermedad o descalabro de la salud orgánica. Y también en los momentos de alegría intensa, manía o simplemente excitación: en todos los casos surge cuando un afecto o una afección nos coloca fuera de ese cuerpo que hasta entonces, en su silencio, habíamos considerado solamente un organismo.
Para dar una respuesta precisa, hay que percibir que - como lo afirma Miquel Bassols - el cuerpo es un cuerpo hablante y esto no quiere decir que "habla" como una función que se hubiera aprendido y que no forma parte de su naturaleza. Por el contrario el habla hace al cuerpo, la estructura de los vocablos preceden incluso a su aparición en la realidad, por los deseos y apetencias de los padres, y finalmente, ese cuerpo es, solamente si habla o si es hablado. La lengua materna inaugura así un elemento relativamente monstruoso, zonas corporales que "recuerdan" pero no por su memoria (de la que carecen) sino por su estructura antiguos vocablos sin sentido, funciones orgánicas que se ven subvertidas por frases dichas por el Otro al pasar y sin ninguna intención, imágenes del cuerpo distorsionadas porque no fueron cariñosamente fonematizadas, órganos que se activan separadamente de la supuesta armonía orgánica, en fin, todo un muestrario de bellezas decididamente frankestenianas que han hecho las delicias de directores como Cronenberg y de escritores como Clive Baker.
Es verdad que, animado por significantes, el cuerpo desarrolla figuras que nos deleitan en la danza, la gimnasia o los deportes. Que vibra con la pasión del amor o con el encuentro amistoso de la palmada, el abrazo o el beso, que duerme sereno o no produciendo los sueños donde recreamos otra escena de nuestras vidas.
Siempre por medio de distintas técnicas hemos intentado domar ese cuerpo, convertirlo en sede de la salud, el equilibrio, la belleza o el vigor, sin lograrlo totalmente.
Es que el cuerpo, además de ser hablado y hablante, es sede de nuestro goce, tanto en un sentido positivo, como en una experiencia devastadora. Freud, con la histeria, y Lacan, con la psicosis, así como tantos analistas diariamente, dan testimonio de esas placeres extraños que a veces ni son percibidos, y que convierten al cuerpo en un vector de satisfacciones misteriosas.
Mientras lo habite la vida, el cuerpo seguirá siendo esa palpitación que anima nuestros días y conduce necesariamente al silencio final.

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