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 Lunes Analíticos

Lo útil atormenta a políticos, científicos, escritores y economistas, segun sus especialidades, pero tambien y de manera patética, al mal llamado "hombre común", ése que se alimenta de un conjunto de creencias mágicas y que ha hecho del razonar una actividad casi olvidada. Esos hombres comunes, se quejan de la inutilidad de muchos discursos, de la supuesta banalidad de las medidas politicas y de la inoperancia de quienes las ejercen. Leo, por ejemplo en Facebook que un "politico hace aquello para lo cual le pagamos..con nuestros impuestos", olvidando que quien lo dice no fue elegido, ni está ahí, ni siquiera aporta nada mas que su critica al accionar de "un politico". Lo útil es sin duda lo que el burgués define como tal, sin olvidar que- como lo muestra muy bien German García en un artículo de su muy recomendable libro D'Escolar - el dandy, es decir el inútil social, "muestra que la mascarada ya no está solamente del lado de las mujeres, que la anfitriona que esculpe el vacío ha encontrado su partenaire" agregando que también "el limite de la crítica marxista es el concepto de utilidad. Muchas veces se quiere perder, como lo demuestra la economía del sacrificio estudiada por Bataille"
Detrás de la mascarada económica de lo útil, se encuentra una satisfacción que devora hombres, mujeres, pueblos y convicciones, que los sacrifica en el altar del mercado, donde lo útil se comercia, aunque es difícil de aplicar esa categoría a los enormes dividendos de un aparato financiero. El goce del dinero que pasa de ser un termino de intercambio para convertirse en una mercancía más y la mas preciada se vuelve devorador y devorante.
El dandy, a decir de García, quería poner un límite a esa locura, aunque en mi opinión fracasó porque estaba sostenido por una convicción estética, es decir por un gusto sin consecuencias, por una pose, sin...política, justamente.
La política de la que aquí se trata es la del analista, un política que prestigia lo precario de las identificaciones y hace surgir el objeto de goce inaudito detrás de cualquier obra humana, pero esto no lo hace para volverla inútil sino para protegerla de su locura.
Curiosamente el gobierno de la ciudad, necesita también de los analistas, no para analizar a los políticos, sino para contrapesar en la balanza de las opciones las que tienen que ver con el deseo y el goce inconscientes y para advertir sobre los excesos del narcisismo en la función pública.
Por otro lado como decía Oscar Masotta "¿no habrá que aceptar que tratándose del inconsciente no se trata de los ordenes del ser ni de la existencia, sino mas bien de lo no realizado?"y por ello, tanto en la política (la que se refiere al gobierno de las ciudades) como en el psicoanálisis hay mucho, pero mucho por hacer, todavía.
Al revés de lo que cree el benemérito "hombre común" (que no cree, claro está en el inconsciente) no es la utilidad lo que hace mover las sociedades, los grupos, las personas, sino el goce y su objetivo no es precisamente el bien, por lo cual un cierto no a esa deriva se vuelve necesario.
En 1964 Jacques Lacan se preguntaba cual era el fin del análisis "mas allá de la terapéutica" es decir, de lo que toda sociedad califica como "lo útil". Y concluía que para afrontar la angustia de nuestros tiempos contemporáneos se debía contar con el deseo de un analista que no era el de un médico, ni tampoco el de un sacerdote.
En esa creación es que el analista se mueve. Inútil, sin duda, pero indispensable a nuestra época.
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